Sunday, Jan. 23, 2022

Caspe Literario. Pío Baroja y La Guerra Civil.

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5 Mar ’15

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Caspe Literario. Pío Baroja y La Guerra Civil.

En 1936, un caspolino logró enterarse con suficiente antelación de que militares desleales habían fijado la fecha para dar un golpe de estado contra la República. Se lo notificó por carta al Gobierno de España, que no le hizo caso. Así lo contó don Pío Baroja. ¿Se hubiese evitado la Guerra Civil si el aviso de nuestro paisano hubiese sido atendido? Posiblemente no, pero…

            Ese caspolino se llamó Mariano Menor Poblador. Nacido en la Ciudad del Compromiso el 15 de febrero de 1895 -según ha constatado A. Grañena-, quedó huérfano muy joven y pronto se trasladó a Zaragoza. Amigo del estudio y lector apasionado, conocerá los libros de “los pensadores más destacados”  y seguirá con “reiterada devoción” la obra regeneracionista de Costa, del que se muestra “admirador ferviente” (Castán: “Aragoneses contemporáneos”, 1934). Industrial licorero de profesión, debió de ser dinámico empresario porque concurrirá a ferias internacionales, como las famosas de Milán.

            Apenas sobrepasaba los veinte años de edad ya se afilió al republicanismo. En 1932, fue elegido presidente provincial del Partido Republicano Radical-Socialista y, en 1935, lo vemos en primera línea de la Unión Republicana en nuestra región. Fue uno de los fundadores de “Diario de Aragón” (1936), periódico tan prestigioso como obligadamente breve, y desde el que se apoyó el famoso congreso autonomista de Caspe.

            De manera efímera (pero con acierto, según sus biógrafos), Menor Poblador pasó en 1933 por el cargo de Gobernador Civil de Soria, Castellón y León. En 1936,  ocupó como interino ese mismo cargo en Zaragoza durante un par de semanas, antes de ser trasladado a Pamplona. El 3 de marzo, el periódico citado lo despedía así: “Este gran republicano obró con tacto y mesura admirables. Sus palabras tuvieron, en cada caso, ponderación insuperable. Guardador del orden, velador de la justicia, dispuesto al sacrificio por la República y por Zaragoza, actuó con acierto insuperable”.

            En el sillón de Gobernador Civil de Navarra le pilló el 18 de julio. Detenido en los momentos iniciales para ser neutralizado, consiguió zafarse de los sublevados y llegar a San Sebastián, desde donde ejerció como delegado del gobierno de la República en el País Vasco (mientras tanto, su familia permanecía en Pamplona, al cuidado de su amigo el Obispo).

            José Luis Ledesma, en una breve y atinada biografía de Menor Poblador comenta: “Trasladado a Valencia a requerimiento del Ejecutivo central, su pista se vuelve en ese punto confusa, ahogada tal vez su voz por el estruendo de la guerra. Algunas fuentes lo ubican ejerciendo cargos más o menos provisionales en los centros ministeriales de Valencia y Barcelona. Otras, procedentes de su Caspe natal y de primera mano, lo presentan apareciendo por ésta en varias ocasiones entre mayo y julio de 1937 y organizando unas cada vez más frecuentes reuniones con sus correligionarios caspolinos en las que se trataba, y supuestamente preparaba, la próxima disolución del Consejo de Aragón y acaso el eventual nombramiento del propio Menor para el cargo de Gobernador de Aragón que había de sustituirlo» (Del libro “República y republicanos…”, 2003).

            Tras la contienda, el destierro. Y allí, en Toulouse, rodeado de su familia, el Gobierno Republicano en el Exilio le encomendó la Dirección General de Seguridad y Servicios de Lucha Guerrillera. Militó en la Unión Nacional Española. Murió en el Principado de Andorra, el 15 de enero de 1948.

            Llegados a este punto, el lector de “El Agitador” se preguntará: “¿Y qué hay del interrogante inicial y de lo de Pío Baroja?”. A ello voy.

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            En el año 2005, los herederos de Baroja publicaron una obra hasta entonces inédita del novelista: “La Guerra Civil en la frontera”, que el escritor había ultimado en 1952 a partir de anotaciones y fragmentos redactados por él mismo en 1936. En este librito, Baroja narra y reflexiona en torno a los primeros días de la Guerra Civil, que él pasó refugiado en pueblos franceses inmediatos a la frontera, no muy lejos de su caserón de Vera de Bidasoa. El capítulo VII de este ensayo se titula “Gobernadores humildes”. Y en él se alude inequívocamente, aunque sin citarlo por su nombre, a Menor Poblador (debo a Jesús Cirac el ponerme sobre esta pista bibliográfica):

            “El exgobernador de Navarra era fabricante de licores de un pueblo de la provincia de Zaragoza. Se ve lo torpe que debía de ser el ministro de la Gobernación Casares Quiroga, para mandar un gobernador así, un pobre hombre, buena persona, a una ciudad como Pamplona, reaccionaria, aparatosa, clerical y cursi, que seguramente estaba conspirando desde el principio de la República. Yo le vi a este gobernador con su mujer en Hendaya. Los dos, gente de clase humilde”.

            Añade Baroja que también recordaba haber visto a la mujer de Menor Poblador lavando su ropa “en un arroyo próximo a la casa donde yo vivía en Behobia”.

            Don Pío se muestra contundente en torno a los intentos de Menor Poblador por avisar al Gobierno de España de que en el verano de 1936 de planeaba una insurrección:

            “En los últimos días de su estancia en Pamplona, al gobernador de Navarra un oficial de la Guardia civil le dijo que estaba ya fijado el día de la revolución por los enemigos de la República. Entonces el Gobernador le contestó a este oficial:

            -Yo he mandado varias cartas al ministro Casares Quiroga, contándole lo que aquí ocurre; no me ha hecho ningún caso. Vaya usted a Madrid y dígale personalmente lo que pasa.

            Casares Quiroga oyó al enviado del gobernador con disgusto. Le dijo que ya estaba cansado de oír delaciones estúpidas y no hizo nada, no tomó medida ninguna. El gobernador pudo escaparse, con asentimiento del general Mola, a Francia, y el oficial de la Guardia Civil han dicho que fue muerto por los sublevados, en Pamplona”.

Alberto Serrano Dolader

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