Monday, Nov. 18, 2019

Eslovenia en bicicleta. Crónica de una aventura y algunos consejos para cicloviajeros

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19 Feb ’14

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Eslovenia en bicicleta. Crónica de una aventura y algunos consejos para cicloviajeros

El Making Off

Como muchas cosas buenas en esta vida, esta aventura se concibió en un bar, muchos meses antes de ponernos a dar pedales en el noreste de Italia. La primera pregunta, obviando la típica “¿pero estáis bien de la cabeza?” a la que nos tienen acostumbrados familiares y amigos, es “¿dónde?”. Estos dos últimos años hemos recorrido una isla mediterránea, montañosa y peculiar como Cerdeña y hemos disfrutado de la excelente gastronomía y atlántica belleza del litoral portugués. Tocaría algo más montañero, ¿los Alpes? Francia está a un tiro de piedra…bueno, podríamos ir en cualquier momento de nuestra vida, preferiblemente en una época más boyante para nuestra economía. ¡Italia, los Dolomitas, Ryanair nos coge en Zaragoza y nos deja en Bérgamo, bien cerca! Bueno…podría ser, pero para cuando se vaya la nieve, la zona se llenará de émulos de Valentino Rossi que igual nos la hacen pasar algo putas por esas carreteras de Dios. Además tenemos más vista Italia que el Vizcuerno.

-“¿Y qué tal Europa del Este?, ¿No tenías un amigo que vivió en Polonia?”

-“Sí, le pregunté y ví cómo le temblaba el labio inferior al oír en la misma frase Polonia y bici. Espectacular, pero allá el arcén se usa como carril lento. Para no volver, aunque queramos.”

-“Mira…¡por ahí entra Perena!”

-“¡Rafa, oráculo del pedal! Tú nos guiaste siempre, desde Masatrigos a los Pirineos, pasando por los Monegros de Sariñena y la Transebre de Mequinenza. ¿Qué debemos hacer, Rafael San?”

-“Chavales, lo que estáis buscando es Eslovenia”.

Y así, el destino nos hizo encontrarnos con la persona adecuada, el momento adecuado, con los consejos necesarios. Cerveza en mano los tres, nos dejamos embelesar por un relato de paisajes cautivadores, carreteras solitarias y, por qué no negarlo, precios españoles para lujos helvéticos. Por lo tanto, el primer briconsejo del día es… escucha a tu alrededor al elegir tu destino. No hay que obcecarse delante de una pantalla de ordenador o un mapa. Pega la oreja, pregunta sin miedo y abre la mente. El destino, el mismo que hizo que se celebrara la Eurobasket en Eslovenia las mismas fechas en que habíamos reservado billete de avión dos meses antes.

 

La ruta por etapas

Llegada al aeropuerto de Monfalcone

En apenas hora y media habíamos recorrido la distancia que separa Valencia de Monfalcone, la localidad donde se ubica el aeropuerto de Trieste (Italia). Allí nos esperaba Tiziano acompañado de su perro. Habíamos reservado una noche en su Bed & Breakfast y, sabiendo que llevábamos las bicicletas, se había ofrecido a llevarnos desde la terminal hasta el hostal.

Tiziano era un tipo joven, hablador y enérgico. Nos sorprendió con una bolsa de dulces caseros, pero no eran para nosotros sino para las jovencitas de la oficina de turismo del aeropuerto. Allí, él y su inseparable acompañante canino son bien conocidos.

Nos metimos, jugando al tetris con nuestros dos maletones, en su pequeño Lancia hasta el lugar en el que íbamos a dormir, donde nos presentó a su mujer y a sus mascotas. Dedicamos la tarde a poner a punto nuestras bicis para comenzar a pedalear al día siguiente. Además, conocimos a Michele, un amigo de Tiziano que también pasaría la noche en el hostal. Tiziano nos explica que ese día casi todos los restaurantes del pueblo están cerrados. Pero hay uno abierto relativamente barato, a unos diez minutos en bicicleta, a las afueras de la localidad. Se ha hecho de noche, así que, teniendo en cuenta que llevamos poca iluminación para circular, decidimos ir a pie. Los diez minutos en bici se convierten en media hora de andada por una carretera oscura, sin arcén, junto a bancales de cereal. Poco después de llegar al restaurante aparece Michele en coche. Intentando disimular nuestra cara de tontos, le invitamos a que se siente con nosotros. Mientras le contábamos la aventura que íbamos a comenzar debía estar pensando en lo que seríamos capaces de hacer si nos habíamos lanzado a andar por aquella carretera sin iluminación…

Volvimos al hostal y, mientras nos buscábamos en Facebook sentados en el hall, Tiziano apareció para invitarnos a unos chupitos de Grappa. ¿Cómo podíamos negarnos…?

1ª Etapa: Monfalcone – Gorizia – Kobarid
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5635214)*

*A partir de aquí, añadimos en cada etapa un enlace a Wikiloc, la web donde los forofos de los pedales podrán profundizar en los recorridos, distancias, perfiles, desniveles y más datos de nuestra ruta.

Desde la cama oímos caer la lluvia en el jardín. Ha estado lloviendo toda la noche. No es la mejor manera de empezar el viaje, pensamos un tanto desanimados. Mientras desayunamos, Tiziano nos explica que la pequeña sala en la que nos encontramos era, originalmente, un búnker de la Primera Guerra Mundial.  Nos muestra los planos del refugio y algunas piezas de museo. Nos cuenta también que su propio abuelo luchó en el bando Austro-húngaro.

Mientras tanto, aunque el cielo sigue cubierto, ha dejado de llover. Con algo más de ánimo, recogemos nuestras alforjas y, tras despedirnos de Tiziano, emprendemos la marcha. Nuestra primera etapa discurre siguiendo el cauce del río Isonzo, que una vez en Eslovenia pasa a llamarse Soča. Nuestra intención es recorrer los casi cien kilómetros que separan Monfalcone de Bovec, una localidad a los pies del Parque Natural del Triglav.

La primera jornada discurre sin complicaciones, pero el tiempo se nos echa encima, así que decidimos detenernos a descansar en Kobarid, unos cuantos kilómetros antes. Allí conseguimos contactar telefónicamente con una amable chica que nos ofrece una habitación con desayuno por un precio razonable. Nos enseña la habitación y en la planta baja nos muestra una gran cocina que podemos usar a nuestro gusto y un baño con jacuzzi que también podemos usar. Con cara de asombro, solo se nos ocurre preguntar:

–          ¿Realmente el jacuzzi es para nosotros?
–          Sí, sí, por supuesto…

La primera etapa concluye así, con un baño en jacuzzi y una sopa caliente a la que nos invitó nuestra anfitriona. No podíamos pedir más…

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 2ª Etapa: Kobarid – Subida al Vrsic – Mojstrana
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913797)

Amanece lloviendo en Kobarid. Es lo más habitual en la zona del cauce del Soča. Desayunamos fuerte y nos preparamos para afrontar la etapa reina: la subida al Vršič, el puerto de montaña más alto de Eslovenia. Atravesamos Bovec y, un buen rato después, llegamos a Trenta, a los pies de la subida. Decidimos reponer fuerzas antes de afrontarla y paramos en un bar junto a la carretera. Pedimos un café con leche, y tras echarle un vistazo a la carta, tres huevos fritos con jamón para cada uno.

Tras el aperitivo contra las pájaras, nos lanzamos a por el puerto. Casi trece kilómetros de ascensión y cerca de 1000 metros de desnivel. Todo un reto para subir con alforjas. David es el primero en coronar. Allí arriba la nieve se acumula a la orilla de la carretera y el viento hace que la sensación  térmica sea bastante inferior a la temperatura real. Mientras espera a Iván decide cambiarse la ropa sudada rápidamente para evitar un resfriado. En el momento en el que, ya sin camiseta, saca la ropa seca en la mochila, aparece una autocaravana que sigue el mismo camino que nosotros. La cara del matrimonio que la ocupa al ver a un tío casi en pelotas que ha subido allí en bicicleta es un auténtico poema. Obviamente, deciden acercarse. David aprovecha para preguntarles si han visto a Iván.

–          Sí, sí, hemos visto a otro chico como tú subiendo. Va despacio pero está bien.
–          Bueno, eso me tranquiliza. Hace casi dos horas que no sé nada de él.
–          Pues está bien. Por cierto, ¿de dónde sois?
–          Españoles. ¿Y vosotros?
–          De Israel. Viajamos en familia por el mundo con la caravana. Oye, tienes cara de cansado… ¿quieres unas manzanas?
–          Claro, nos vendrán muy bien. ¡Gracias!

Iván procede de la misma manera al llegar a la cima. Otro coche de turistas aparece cuando anda cambiándose de ropa, poniéndose una camiseta de la selección española. En esta ocasión, una sonriente señora le saca una foto mientras Iván posa en manga corta a 0º grados.

Poco tardamos en salir de allí. El paisaje, rodeado de colinas, no es especialmente bonito. Nos disponemos a descender por la otra vertiente lo más abrigados posible. Rodamos apenas cien metros y lo que se muestra ante nuestros ojos nos hace derrapar hasta detener la pesada bicicleta. Los Karavanke, la cordillera que separa Eslovenia y Austria aparece en todo su esplendor, con nieve en las cumbres  y unos reflejos plateados que nos quitan el hipo.

Continuamos el descenso con precaución por las famosas curvas de herradura adoquinadas. Se conservan así desde que fueran construidas por prisioneros rusos durante la Primera Guerra Mundial. La carretera nos llevará hasta Mojstrana, donde acabaremos alojándonos en un hostal muy económico, regentado por unos chavales que nos sirven unas cervezas y nos invitan a ver los partidos de clasificación del EuroBasket con ellos en la terraza.

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3ª Etapa: Mojstrana – Bled – Nemski Rovt
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913781)

Quizá la etapa más bonita de todo el recorrido. Salimos de Mojstrana con el estómago lleno y antes de poder calentar las piernas ya estábamos ascendiendo unos 200 metros. Desayuno digerido. Circulamos prácticamente sin tráfico por una carretera bien asfaltada entre hayedos. Al fondo, el imponente Triglav, el monte más alto de Eslovenia, emblema del país. Un paisaje idílico que más adelante solo se transforma cambiando el asfalto por la pista de tierra. Nuestra única preocupación es que aparezca entre la maleza uno de los famosos osos eslovenos para darnos los buenos días, aunque ni rastro de ellos. Rodar por allí es rodar por el paraíso.

Llaneando entre praderas y bosque bajo llegamos a Bled, uno de esos lugares de postal a los que llegan turistas de todo el mundo en busca de instantáneas memorables. Le tomamos una foto romántica a una pareja japonesa, ellos nos la toman a nosotros (aunque sin romanticismo) y continuamos nuestro camino.

Tras unos 15 km, llegamos a Bohinjska Bistrica y tomamos la carretera que lleva al lago Bohinj, unos 5 km más que luego desharemos para regresar a Bohinjska. Si el lago de Bled era impresionante, lo que encontramos aquí es todavía mejor. No podemos evitar sentarnos un buen rato a la orilla de esas aguas en calma rodeadas de montaña. No nos habríamos movido de allí, pero las nubes comienzan a amenazar lluvia. Regresamos a Bohinjska en busca de alojamiento y lo que encontramos no nos gusta demasiado. Tan solo hay hoteles grandes y caros, nada de modestos hostales que se adecúen a nuestro presupuesto. Una amable camarera nos indica que hay un pequeño pueblo, llamado Nemski Rovt, a unos 4 km en el que una señora ofrece alojamiento y comida a buen precio. Le dejamos propina y allá que nos vamos.

En efecto, el pueblo es bien pequeño. Apenas una veintena de casas y nadie por la calle. El establecimiento que regenta la señora es el único bar de la localidad. Pero el lugar es acogedor y, como luego comprobaríamos, la señora cocina muy bien. Allí nos quedamos, tomando un par de cervezas en la salita del bar bajo la mirada de un par de paisanos que intentan adivinar qué idioma hablamos y de dónde nos hemos escapado. A estas alturas, Eslovenia ya nos había enamorado.

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4ª Etapa: Nemski Rovt – Skofja Loka – Ljubljana
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5969966)

Amanece nublado en Nemski Rovt. La señora nos prepara el desayuno mientras nos pregunta dónde vamos a ir hoy chapurreando inglés. Pagamos, recogemos nuestras cosas y nos marchamos. Lo que teníamos por delante era una etapa un tanto imprevisible. Abandonábamos los Alpes Julianos y el parque natural del Triglav por el que habíamos rodado los días anteriores para acercarnos a llanura del centro del país. Pero la jornada resultó más dura de lo esperado.

Comenzamos la mañana superando los más de 600 m de desnivel en 9 km de un puerto «anónimo»  al que había que sumar los 4 km de ascensión que ya nos habíamos quitado ayer desde Bohinjska Bistrika. La recompensa es el descenso que nos va a llevar a la llanura, que nos muestra una amplia vista de montañas, prados verdes y escarpadísimas laderas. Aquí no llega el turismo pero creemos estar en uno de los parajes más auténticos y salvajes de la zona, tan solo alterado por los silbidos de nuestros frenos en cada curva.

Aproximadamente en el ecuador del descenso, nos detenemos en un cruce en el que se nos ofrecen dos opciones para llegar a nuestro siguiente lugar de referencia, Skofja Loka. Según los carteles, por ambas carreteras se llega a la ciudad pero una de ellas es considerablemente más corta. Sin embargo, la señalización en esloveno parece indicar que esa opción más corta está en obras y los vehículos pesados tienen prohibido el paso. Pensamos que aunque los camiones no puedan acceder, nosotros no tendremos problema y allá que nos vamos.

Descendemos un buen tramo por una sinuosa carretera más empinada que la anterior. Pero de repente la carretera aparece totalmente cortada. Unas vallas impiden el paso a lo que es, directamente, un barranco. Nos miramos estupefactos pensando en que si no podemos continuar por aquí, tendremos que volver a ascender todo lo que hemos bajado. Quizá sea una hora de subida, o más. Mierda…

En la parte baja del barranco, entre encofrados y sacos de cemento, avistamos a tres obreros junto a una furgoneta. Si la furgoneta ha llegado hasta allí quiere decir que hay camino transitable. Lo jodido va a ser llegar hasta los obreros desde donde estamos nosotros. Nos lo pensamos un buen rato. Ya hemos bajado demasiado como para volver a subir, así que les preguntamos gritando si podemos pasar por las obras, a lo que nos contestan que bajemos con cuidado. El barranco, a pesar de ser expuesto, no tiene mayores complicaciones si no fuera porque nuestras bicis pesan como muertos. Poco a poco vamos bajando bajo la atenta mirada de los trabajadores que se están jugando el pescuezo dejándonos bajar entre las obras. Algo más tranquilos, les damos las gracias y continuamos nuestro camino.

Nos damos una vuelta por Skofja Loka y su pintoresco casco histórico y seguimos rumbo a la capital, Ljubljana. La carretera es cada vez más llana y está más petada de tráfico. En Medvode, ya temiendo por nuestra integridad física, preguntamos por una alternativa a la carretera principal y nos desvían por una pista asfaltada que nos acabará llevando a una de las muchas ciclovías que pueblan el territorio. Tras una buena panzada de kilómetros por carril bici llegamos al centro histórico de la capital de país. Prueba superada.

 

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«Etapas» 5ª y 6ª: Jornadas de descanso en Ljubljana.

Siguiendo a las masas de turistas acabamos en una de las plazas centrales de la ciudad, junto al río Ljubljanica. Al fondo, la colina en la que se encuentra el castillo de la ciudad. Entusiasmados por haber llegado hasta allí, buscamos a alguien que tenga la amabilidad de hacernos una foto. Nos acercamos a un par de chicos. Uno de ellos coge la cámara y se dispone a tomarnos la instantánea mientras nos escucha hablar castellano.

–          Ah, ¡sois españoles! ¿De qué parte de España?

–          De Aragón.

–          ¡Anda! ¡Yo soy de Marsella, pero mi novia también es maña!

Joder, somos como una plaga… -pensamos-.

–           Llevamos unos cuantos días dando pedales por los Alpes y nos hemos enterado de que España juega mañana las semifinales del Eurobasket contra Francia.

–          Sí, pero el partido no es mañana, ¡es hoy a las 20:00h! Si corréis aun os da tiempo a verlo en el estadio…

A partir de ahí ya podéis imaginarnos corriendo por las calles de Ljubljana como concursantes de Pekín Express. Tenemos que pasar por la oficina de turismo para encontrar un Bed&Breakfast barato, que nos tomen los datos en el hostal, dejar las cosas y darnos una ducha, investigar las líneas de autobuses y, por fin, llegar al estadio con la esperanza de que aun queden entradas asequibles en taquilla. Por si fuera poco, uno de los camareros del B&B nos comenta que para viajar en autobús es obligatorio tener una tarjeta recargable que debemos adquirir en un supermercado  que está a unos diez minutos andando. A correr.

Aun no sabemos cómo, pero acabamos en la puerta del estadio, con las entradas en la mano y con un cuarto de hora de tiempo para comprar unas cervezas y algo de comer. Y encima hay un ambientazo del copón.

En esos momentos se produce ese extraño fenómeno que une a los españoles, sean de donde sean, solo por el hecho de estar en un país distinto. Así, nos juntamos con unos gallegos que, aprovechando su Erasmus en Hungría, se han acercado a ver las semifinales.

–          ¡Eh, Javi! ¿Has escuchado esto? ¡La historia de estos es impresionante! ¡Vienen desde Italia en bici!

Lo que pasó dentro del estadio pudieron verlo por televisión. El bueno de Tony Parker no tuvo rival y la selección española dijo adiós a la final. Desde el estadio nos iríamos de nuevo hasta el centro de la ciudad, donde, con la excusa del Eurobasket, había pantallas gigantes, conciertos, y mucha, mucha comida. Dejaríamos las bicicletas aparcadas durante dos jornadas más. Visitamos el casco histórico, el famoso puente de los dragones, el parque Tivoli, el mercado, algunas tiendas y algunos bares. Vimos la final del campeonato sentados en un parque frente a una pantalla gigante y degustando lo que nosotros vinimos a llamar “BoqueBurger”, una hamburguesa de más de un palmo de diámetro con su correspondiente bebida.

Retomaríamos los pedales con la sensación de haber aprovechado muy bien nuestra estancia en la capital. Ljubljana es una ciudad cosmopolita y modesta a la vez, donde la gente es respetuosa y abierta. Merece la pena dejarse caer unos días por ella.

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7ª Etapa: Ljubljana – Postojna
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913876)

Para salir de la capital, tras las esperadas liadas al abandonar una localidad tan grande, tenemos un extenso carril bici paralelo a una carretera estatal, donde podemos meter plato gordo sin agobios durante más de 20 km. Esto por lo menos compensa la monotonía del paisaje, que sigue siendo verde, pero llanito y atravesando múltiples localidades industriales. Pasado Vrhnika, un fuerte repecho de unos 6 km nos mete de nuevo en faena.

Nos estamos adentrando en terrenos kársticos, con los relieves pronunciados característicos del suroeste del país. Tras unos 20 km genuinamente «rompepiernas» por carreteras secundarias entre bosques, emprendemos la rampa final desde Slivice. Se asciende por una estrecha carretera secundaria paralela a la autopista donde el viento de frente, el perfil de los 20 km anteriores y el hecho de haber rodado los 25 km iniciales a tope, nos pasa factura. Alcanzamos Postojna mucho más cansados de lo que esperábamos.

Cambiamos nuestros planes de acudir directamente a ver las dos joyas que hay cerca de la localidad (La cueva de Postojna y el Castillo de Predjama) por comer tranquilamente en el centro y buscar alojamiento. Ya por la tarde visitaríamos la Cueva. Una maravilla natural, paradigma de esas formaciones kársticas de las que hablábamos antes. 20 kilómetros de galerías que la convierten en una de las más grandes, y más visitadas, del mundo. La jornada acabaría, por recomendación de la oficina de turismo, en una curiosa residencia de estudiantes llena de jóvenes.

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8ª Etapa: Postojna – Trieste
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913880)

Nos despertamos en la habitación de la residencia y tras tomar el desayuno en el comedor con algunos estudiantes, no tenemos muy claro si debemos coger la bicicleta o la mochila para ir al instituto. Nos cuesta recoger las cosas. Estamos perezosos.

Una ventana se abre cuando, ya en la calle, estamos colocando las alforjas en el portabultos de nuestros caballos de metal. Por ella se asoman un grupo de chiquillas a las que les hemos hecho gracia. La más atrevida nos mira, nos sonríe, nos grita, y acaba diciéndonos que si se puede venir con nosotros. Ahora sabemos que siente Pablo Alborán. Bromeando, le invitamos a venir con un sutil “¡Ven, que te subo en la barra’la bicicleta! Para nuestra sorpresa, ella sale del edificio decidida a venir con nosotros. Entre nosotros nos miramos pensando en que es capaz de montarse en el portabultos, así que mejor ir marchando ya. Que además no sabemos cómo están las Leyes del Menor en el país.

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Entrada principal del Castillo de Predjama

Salimos de Postojna con dirección al castillo de Predjama. La carretera es un continuo sube y baja que nos lleva hasta el rincón en el que la fortaleza del siglo XV aparece encajada en la roca. Un lugar inexpugnable que, según cuenta la leyenda fue el refugio del caballero Erasmo de Predjama. En aquel lugar, Erasmo soportó durante un año el asedio de las tropas del emperador austriaco Federico III, que no consiguió acabar con él. El final de Erasmo llegó, continuando con la leyenda, cuando uno de sus criados delató su posición dentro del castillo para que los atacantes supieran dónde dirigirse. El lugar en el que se encontraba Erasmo, el que lo vio morir, era su retrete.

Salimos de allí tomando las pertinentes fotografías y adentrándonos en zonas rurales repletas de campos de cereal. Nos dirigimos a la frontera con Italia. Nuestro objetivo es Trieste. La frontera es un simple cartel que anuncia el inicio de un estado y el fin de otro. Bajo el cartel, un joven y musculoso vendedor de fruta se ofrece a hacernos una foto. “Este es un buen sitio para vender, aquí para todo el mundo como habéis hecho vosotros” nos dice.

Nos quedan pocos kilómetros para llegar a Trieste, y además, son de bajada. Descenso suave al principio y vertiginoso al final, en el último tramo que nos lleva hasta el centro de la ciudad. Los coches nos pasan rozando a toda velocidad, hay que esquivar los baches y una señora nos grita que no debemos ir por la acera, sino jugándonos el tipo por la calzada. Ya estamos en Italia.

En la oficina de turismo nos indican un Bed & Breakfast asequible en la zona del puerto. De nuevo, una señora nos acoge en una de sus habitaciones. Nos duchamos y nos vamos a dar un paseo. Entramos en algunas tiendas, compramos algo para cenar y nos tomamos unos Spritz, típicos de la zona. La que tradicionalmente había sido la única salida al mar del Imperio Austro-húngaro pasó a manos italianas tras la Primera Guerra Mundial, convirtiéndose en un apéndice de la actual región de Friuli-Venezia Giulia. A día de hoy, Trieste es una ciudad atractiva y decadente a la vez, con calles llenas de ambiente universitario y olor a mejillones.

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Fachada del Ayuntamiento de Trieste, en la Piazza Unitá d’Italia.

9ª Etapa: Trieste – Nova Gorica
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913893)

Trieste no nos convence. Hay demasiado ruido, demasiado aspirante a Valentino Rossi y pocos lugares cercanos en los que disfrutar viajando a pedales. Salimos de allí de nuevo con dirección a la frontera eslovena. Mientras deshacemos el descenso de ayer, hoy convertido en repecho pegajoso, avistamos con claridad el golfo de Trieste, el lugar clave ocupado durante la Segunda Guerra Mundial por las tropas y la marina nazi.Desde las alturas, no es difícil imaginar el ajetreo de milicias del que debió ser testigo un lugar tan estratégico. Tras el ascenso del principio, la ruta será un constante sube y baja que nos va dejando sin energía.

Llegaremos a Nova Gorica pasada la hora de comer, con la esperanza de encontrar algún restaurante abierto, o en su defecto, algún supermercado. Son casi las cuatro de la tarde. Nos sentamos en una terraza con la esperanza de que nos sirvan, al menos, unos bocadillos. La camarera nos indica que para comer tenemos que subir a la planta superior. Dejamos las bicis en la calle, bien atadas con los candados y subimos.  El local es enorme, limpio y tiene un toque cool que choca con nuestras caras sudadas y nuestro olor a granja. Afortunadamente, los únicos que están comiendo a esas horas son los propios camareros. Con una sonrisa complaciente nos sirven los filetes que devoramos como si no hubiéramos comido en quince días. El día acabará alojándonos en un extraño camping lleno de mosquitos a las afueras de la ciudad, y dando un paseo por el centro para practicar la única palabra que hemos aprendido en esloveno: Pivo. Es decir, cerveza.

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Panorámica del Golfo de Trieste

10ª Nova Gorica – Monfalcone. Final de la ruta.
(http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5913897)

Es la última etapa. Nos levantamos con ese sabor agridulce que produce concluir una aventura como esta. La ruta de hoy será como un paseo por los Campos Elíseos tras haber acabado el Tour. Salimos de Nova Gorica con la idea de disfrutar, de recrearnos en todo lo que hemos vivido y visto en estos días. A media mañana, habiendo seguido de nuevo el cauce del río Isonzo, ya estábamos en lo más parecido a un hogar que habíamos tenido estos días, el B&B de Tiziano junto a Monfalcone. Dejamos allí nuestras cosas y descansamos un buen rato.

Tiziano nos recomienda bajar hasta Marina Julia, el lugar donde el azulado Isonzo desemboca en el gris plomizo Adriático. Allá que nos vamos, liberados ahora de las alforjas. Allí nos damos el merecido baño en la pedregosa playa de Marina Julia. Hay cansancio y ganas de dejar aparcadas las bicis por una temporada, sí. Pero la pena por abandonar, quién sabe si por siempre, estas bellas tierras cargadas de historia se va apoderando de nuestros castigados cuerpos. Regresamos al B&B ya por la tarde. Nuestro vuelo de vuelta a Valencia sale al día siguiente. Antes de desmontar las bicicletas para meterlas en la bolsa de transporte las miramos con romanticismo, pensando en que no nos han dado ni un solo problema en toda la ruta. Ni siquiera un pinchazo.

Tiziano nos llevaría al aeropuerto a la mañana siguiente. Allí nos despediríamos de nuestro amigo. Él se quedaría charlando con las jovencitas de la oficina de turismo mientras nosotros nos quedaríamos esperando con nuestros maletones en la puerta de la terminal, comiéndonos las últimas latas de sardinas que nos quedaban por la mochila bajo la atenta mirada de una patrulla de los Carabinieri.

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La pedregosa playa de Marina Julia

Briconsejos para cicloviajeros

Pero esto no acaba aquí. Viajar en bicicleta da para mucho más. Por eso, a continuación os damos algunos “briconsejos” a través de los cuales comprender y aplicar la filosofía del cicloviajero. A nosotros nos han funcionado muy bien. Ahí van:

Además de abrir bien las orejas para atender a los consejos de los que te rodean, escucha también en Internet: Hay tantos blogs personales, páginas y foros especializados que pueden ayudarte, como dudas en la cabeza tras tomar “La Decisión”. Hoy en día, la información viaja tan rápido como la imaginación y, meses antes del gran viaje, te sorprenderás a ti mismo en estado de trance delante del ordenador, con la cabeza quién sabe dónde…¡Y no con esas páginas en que estás pensando, guarrillo/a! Ahí van unos cuantos “oráculos digitales del cicloviajero”:

www.rodadas.net : Esta publicación ya se hizo eco de ésta web en un artículo, no hace mucho, en la sección “Dame Veneno”. Foro, artículos de consejos, fichas de viajes…hecho por y para cicloturistas. Si os leéis dicho artículo me ahorráis muchas explicaciones. Y si os dais una vuelta por ésta “Biblia de las alforjas”, todavía más. Imprescindible.

www.wikiloc.com : ¡Inventazo español! Escribes en el buscador “Pallaruelo de Monegros” o, por ejemplo “Parapente en Groenlandia”, y aparecen todas las rutas que los usuarios han realizado en la zona con el medio de transporte o actividad seleccionado, y han tenido la bondad de registrar con su GPS y colgar en la página. Volcadas en Google Maps y ficheros GPX para descargar. Ya no te digo que les hagas un donativo pero a la vuelta… ¡regístrate y ayúdales con tus tracks! Se lo merecen.

www.perfilderuta.es : Permite crear tu ruta manualmente en cualquier parte del mundo. Calculando distancias, desniveles acumulado, etc…Obtén un fiel perfil de la ruta que tienes planeada, para que nadie diga luego que no estaba avisado.

www.altimetrías.net : Unos locos de las cumbres han creado este directorio de puertos de España, Europa y parte del resto del mundo, con perfiles, fotos y prolijas descripciones de cada ascensión. Han diseñado un coeficiente de dureza en relación a distancia, altitud, desnivel y pendiente media. No todo ha de ser vías verdes. Ya que vamos, vamos, ¿no? .

No te lleves la Guia Michelín a Eslovenia: Ni a casi ningún lugar que planees ir. Por lo explicado líneas  arriba y porque, a los dos días de estar allí, vas a conseguir de gratis un mapa bien completito, con ciclorutas incluidas. Hay que decir que éstos mapas que se consiguen en alojamientos, oficinas de turismo, etc…son más endebles que los que puedes comprar en un librería. Cuídalo.

¿Quién te crees que te va a robar la bici?: Aunque “la niña de tus ojos” sea una Trek de carbono “full XTR” de más de 3000 machacantes, el 99% de la población lo que verá será una masa informe de ropajes multicolores, con una barra de pan mohoso y unos calcetines sucios asomando por sus recovecos, sobre dos ruedas. El 1% restante algo con lo que es difícil salir huyendo. De todas formas, no están de más un candadico y un par de ideas. Por nuestra seguridad.

-Aparcar la bici dejándola con piñón grande y plato pequeño: Así y con 20 kg de más en el portabultos no se puede llegar muy lejos.

-Intentar, si se puede y son pares, aparcar las bicis “haciendo el sesentaynueve”. Perdón si somos muy gráficos pero es la mejor manera que se me ocurre para explicarlo: La parte delantera de una contra la trasera de la otra, lo que vendría a ser “manillar contra alforja”. En equilibrio, sin apoyarse en nada más. No es fácil y no siempre se puede, pero una persona sola, que no se apellide Tamariz ni Houdini, no podrá quitar una bici sola sin montar la escandalera padre.

Sobre mecánica se puede hablar mucho. Pero como está todo escrito en www.rodadas.net , nos vamos a limitar a tres briconsejos:

-La patilla de cambio: puedes conseguir llaves Allen, bombas, eslabones o tronchacadenas en cualquier parte pero…¡ay amigo! Como partas y no lleves repuesto específico para tu  modelo de bicicleta te pegas el resto del viaje o buscando un repuesto, o sufriendo en las cuestas a piñón fijo con algún apaño cutre. También cabría mencionar llevar repuestos de pastillas de freno, si llevas discos. En carretera de montaña y con carga, duran bien poco y cuando hacen falta, hacen falta.

-Procurar no llevar las mismas herramientas todos: Peso inútil extra. Sin olvidarse de nada, es mejor que cada uno lleve una herramienta o repuesto diferente. Apaño

-¿Tu bici es muy pija y el cuadro no tiene roscas para acoplar el portabultos de las alforjas? Soluciones aparecen muchas en la red. Pero cualquier mecánico de toda la vida te dirá que, con un par de abrazaderas de fontanero, un cierre de sillín con roscas laterales, tuercas, cinta americana y bridas (¡cinta americana y bridas, imprescindible también!) para qué te vas a gastar perras en hostias. Si tu bici es de doble suspensión, nos callamos, que igual sí que tienes que apoquinar.

Bed&Breakfast es la palabra clave. O “Youthhostelwithbedandbreakfast”. Respetamos a los “Ciclo-ChuckNorris” que emprenden rumbo a Oriente Medio con 1 euro al día, una navaja y una bolsa de basura como chubasquero y hogar, subsistiendo gracias a la carne que cazan y el salario de una jornada cosechando opio en Afganistán. Pero nosotros vamos de vacaciones. No compensa llevar tienda de campaña “por si acaso”, a no ser que lleves la firme intención de dormir allí todos los días: la mejor opción nos parece Bed&Breakfast, sobre todo por el Breakfast. El desayuno se va a convertir en tu comida principal con creces y, tras un par de horas de pedaleo, mejor un plátano untado en un tarro unidosis de Nutella que Powerbars, geles y demás chucherías. Buenos precios y “bien almorzao”, casi siempre.

Ir “a rueda” del compañero ayuda, y mucho. Los que venimos de las ruedas gordas no lo tenemos tan claro como los ciclistas de carretera. Pero éstos lo hacen, y con mecánicas y físicos que poca protección aerodinámica parece que puedan ofrecer a sus compañeros…pues imagínate ir detrás de un señor reciote cargado de bultos. Aunque el compañero de delante lo esté dando todo el que va detrás rueda como abducido, sin apenas dar pedales. Daros relevos, optimizaréis energía y mantendréis buenas velocidades de crucero. David… ¡engorda de una vez!

Tienes todo el día para dar pedales. No es lo mismo salir del pueblo 45 km una mañana a fuego con los colegas para llegar a tiempo a la paella del Domingo que tener una jornada completa para completar los 90 km que te pueden separar del fin de etapa planeado. Con paciencia y anticipándose a los repechos, manejando con prudencia los desarrollos, te sorprenderás realizando kilometradas que nunca antes habías hecho sin problemas. A no ser que comiences el viaje sobreentrenado, te darás cuenta de que cada día vas a mejor y esto influye mucho en el aspecto psicológico, que es igual o más importante que el físico.

Flexibilidad con las etapas planeadas. Nos suele pasar que, en días que teníamos etiquetados como “etapa épica” o “etapa reina del viaje”, acabamos más frescos de lo que pensamos (el aspecto psicológico otra vez). Lo que no falla en nuestros viajes es que, siempre hay una etapa aparentemente sencilla que nos la hace pasar putas. No todo es distancia o desnivel: la meteorología, la monotonía del paisaje, la falta de descanso, el “como ya no estoy en montaña, plato grande todo el rato”, un rodeo por obras, el tráfico… Es por eso que recomendamos no venir con las etapas planificadas al milímetro desde casa, como si fuera el Tour: siempre hay imprevistos. Mejor pensar en una serie de puntos “irrenunciables” por los que pasar sí o sí y, el cómo llegar ir viéndolo sobre la marcha. Adapta los kilómetros al tiempo de que dispones y a las circunstancias.

El culo siempre duele a partir del km 40. Principio matemático fundamental del ciclismo. Algún espabilado dice que, a partir del tercer día montando, las molestias van desapareciendo. Más bien creo que acabas resignándote.

Botiquín. Una vez más, los amigos de rodadas.net están al quite y nos ahorran mucha tinta. Si pensáis en lanzaros a la carretera, merece la pena echarle un vistazo a esto:

http://www.rodadas.net/category/salud-nutricion/

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David luciendo vendaje compresivo, modelo exclusivo del diseñador italo-caspolino IvánDamme

A lo cual añadiría lo siguiente:

-Venda cohesiva: Es un vendaje semielástico y bastante resistente que se adhiere sobre sí mismo, sin necesidad de esparadrapo. Pensando en que vas a estar la mayor parte del tiempo sudado y en movimiento, es la mejor manera de que una cura siga en su sitio durante toda la jornada. Ejerce la tensión suficiente como para realizar un vendaje funcional y la presión necesaria para detener una hemorragia leve-moderada.

-Papel o gasa hemostática (Espongostán, Surgicel…): Se expande sobre el lecho de la herida deteniendo hemorragias difíciles de cortar sólo con gasa normal y presión.

-Si tomas antiinflamatorios, asócialos siempre a un protector gástrico, como Omeprazol o Ranitidina.

-Adapta el botiquín a tus conocimientos, y  para lo demás ya está la Tarjeta Sanitaria Europea.

Para transportar la bici en el avión: Le pedís a algún amigo que trabaje en un taller de bicis las cajas de cartón donde les llegan sus monturas. En nuestro caso compramos unas bolsas de transporte del Decathlon, con suelo rígido desmontable y que plegadas abultan menos que una alforja, pesando unos 3kg, pudiendo llevártela contigo. Muy importante proteger con cartón, ropa, plástico de embalar, porexpán…las partes más débiles de la bici, como cambios y frenos. Si hacéis una ruta circular, quizá os convendría reservar primera y última noche en el mismo alojamiento con la condición de que se enrollen y os dejen guardar allí cajas, bolsas o embalajes hasta vuestro regreso. Meted un trozo de plástico o de cartón entre las pastillas de los frenos para evitar que se queden adheridas.

Un buen compañero de viaje es un tesoro, mímalo: Cuando no estéis de viaje emborráchalo, tíralo por barrancos imposibles con la bici, llámale a medianoche contándole el viaje que se te acaba de ocurrir en la cama. Te lo agradecerá.

Implica a tu familia, pareja, amigos: Saben que estás como una cabra pero te siguen queriendo, aprovecha. Desde aquí queremos hacer algunos agradecimientos especiales: a Marta, por su paciencia y por haberse recorrido en coche toda España durante estos últimos años, para recogernos en estado lamentable. A nuestro buen amigo José Antonio Hill, por ejercer de perfecto anfitrión en Valencia y a nuestras familias, porque saben que éstas movidas nos hacen felices y nos han mostrado siempre su apoyo, además del contrapunto crítico cuando han pensado, con mucho sentido común, que igual se nos iba de las manos alguna odisea.

Si habéis llegado hasta aquí, solo quedaría decir una cosa más. Si tenéis pensado hacer algo parecido, pensad sobre todo en disfrutar.

¡¡¡Jarra y Pedal!!!

Iván Sanz y David Bonastre

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