Las cifras de represaliados en la Guerra Civil y el Curso de Acceso de la UNED
Curso de Acceso dela UNED. Febrero de 2012. Una vez superado el trámite del primer cuatrimestre, los alumnos nos familiarizamos con la segunda parte del temario de Historia Contemporánea. Nuestra Historia más reciente entra en escena. Uno de los capítulos, el 17, trata sobre la Guerra Civil Española. Es recomendable una primera lectura preliminar y eso es lo que hago. Hasta ahí, nada especial.
El caso es que ya en la primera lectura localizo un par de erratas. Cito textualmente: “En Aragón la sublevación venció en las capitales de provincia merced a la postura del general Guillermo Cabanellas, antiguo diputado radical y ahora alineado con los sublevados”
En realidad, el nombre del general insurrecto era Miguel, y no Guillermo. Guillermo Cabanellas fue escritor e historiador español y participó activamente en la política de izquierdas del país (en 1936 fue candidato por el Partido Socialista Español). En 1937 escapó a Francia y de ahí a Sudamérica. Era hijo de Miguel Cabanellas, el general sublevado. Posiblemente, de ahí venga el error.
En un segundo apartado, “Batalla del Ebro y colapso de Cataluña”, se lee: “La batalla del Ebro acabó por decidir la guerra. En el mes de febrero de 1938 las tropas del general Franco en su avance ocuparon Cataluña sin encontrar resistencia”. Un número baila en el anterior párrafo. La ocupación de Cataluña se produciría exactamente un año después, en 1939.
Son solo dos pequeños errores que vienen a demostrar que todos somos humanos. Incluso los catedráticos. También pudiera ser que nos encontremos, sobre todo en el segundo, ante un error de imprenta. Pero lo más sorprendente entre los contenidos del capítulo estaba por llegar. Uno de los epígrafes se titula “Evolución de los dos bandos”, y al leerlo, me quedé perplejo: “Lo que no resulta por el momento precisable es saber las cifras de ejecutados en cada uno de los dos bandos, pero es probable que sean bastante semejantes, sobre todo teniendo en cuenta las ejecuciones llevadas a cabo por el general Franco al final de la guerra civil” ¨ (la negrita es mía).
Se desató en mí una mezcla de incredulidad, mala leche y desasosiego. No hacía mucho que había devorado varios y recientes libros sobre el tema y lo de cifras “semejantes”, en el libro de Acceso de la UNED, me pareció increíble. Sobre todo, cuando leo que, en el párrafo, se tienen en cuenta las ejecuciones llevadas a cabo por Franco tras la guerra. ¿Semejantes? No puedo creer lo que leo. Y lo peor es la situación en la que me encuentro. Vaya tesitura. ¿Qué hacer en el caso de que saliera este tema en el examen? ¿Transcribir, como un autómata, una información que no comparto y no jugármela pasándome de listo? Sin ser un experto en la materia de las cifras represivas, conocía otros datos radicalmente opuestos, como los que plantea Julián Casanova en República y guerra civil o Paul Preston en El holocausto español. Y no eran los únicos. Sabía que más trabajos manejaban cifras totalmente distintas. Así que crucé los dedos y pedí a la suerte que no saliera el tema en el examen, porque, si se daba el caso, no sabría bien qué hacer. Y así fue. El tema de examen fue la Dictadura de Primo de Rivera (por cierto, lo aprobé).
Pero no olvidé el asunto y, al finalizar la prueba de acceso, me puse en contacto con José Luis Ledesma, profesor de Historia en la Universidad de Zaragoza y uno de los mayores especialistas en cuanto a cifras de la “violencia de retaguardia” en España (es la persona de referencia a nivel nacional en cuanto a la represión republicana). Le informé sobre el contenido del capítulo en cuestión. Incrédulo, se prestó a ayudarme con el asunto sin dudarlo. Y eso es lo que ha hecho:
En la España republicana se contabilizan unos 49.000 represariados, si bien la cifra de Madrid podría subir en 1.000 o 2.000 y, con ella, la total.
En cuanto a la zona “nacional”, en el libro Violencia Roja y Azul, Espinosa calcula que la cifra de víctimas de la violencia franquista (sumando durante la guerra y luego la represión de posguerra) sería de 130.199.
Julio Prada, en La España Masacrada (Alianza, Madrid, 2010) eleva un poco la cifra. Ahí se suman las de guerra y posguerra. Como muchos estudios y recuentos provinciales no consideran la diferencia entre guerra y posguerra, no se sabe realmente cuántos de todos esos murieron en la posguerra. Normalmente, se da la cifra de 50.000, aunque quizá se pudiera rebajar algo (40.000), y el resto durante la guerra. Por supuesto, las cifras sobre la violencia “nacional” serán siempre incompletas y provisionales, porque mucha gente nunca fue registrada, y los historiadores rastrean fuentes documentales (no solo las orales, o al menos las orales hay que confirmarlas siempre con otras de otro tipo). Para el terror azul no hubo nada parecido a una Causa General como la que registró todo el terror rojo. 130.000 es pues cálculo incompleto, que sigue subiendo con nuevas investigaciones. Paul Preston incluso sugiere que en realidad pudieron ser 200.000.
A la hora de “comparar” los dos bandos, mucha gente dice que no vale comparar cifras globales, porque los franquistas pudieron llegar a todos los territorios, y los republicanos no, y si estos hubieran dominado toda España también habrían matado mucho más. Para ser justos, podemos hacer un ejercicio: los primeros seis meses, cuando los dos bandos tenían más o menos la misma población y territorio, antes de que los “nacionales” conquistaran territorios de los otros. Pues incluso entonces, los datos muestran que éstos asesinaron casi el doble que los republicanos:
“Algunos autores han argüido que las cifras del “terror azul” son más altas que las del “terror rojo” porque el primero pudo extenderse al conjunto del país y prolongarse hasta después de la contienda, cosas ambas que en efecto no estuvieron al alcance del segundo. En cambio, no es menos cierto que fue durante los primeros seis meses de la guerra cuando se produjeron en ambos bandos la gran mayoría de los asesinatos, y que entonces, a pesar de que incluía las regiones más pobladas y la mayoría de los grandes centros urbanos e industriales, la zona republicana vivió una caza del contrario menos sangrienta, en ocasiones mucho menos, que aquella sometida a la férula de los sublevados. Ningún otro caso tan contundente como Andalucía. Las alrededor de 8.400 vidas que se llevaron por delante las violencias en la zona republicana de la región representan un balance terrible. Pero quedan muy por detrás de la cifra barajada para el terror del bando franquista, que podría haber dejado tras de sí más de 45.000 víctimas. Una parte considerable de ellas cayeron tras la caída de Málaga en manos rebeldes en febrero de 1937 y otra parte en la posguerra. Ahora bien, el desequilibrio en sangre derramada sigue siendo abrumador aunque nos refiramos sólo al año 1936: con una región cruzada por un frente que la dividía en dos zonas equivalentes en población y superficie, los sublevados habrían asesinado casi cuatro veces más que los republicanos.
Sin tan brutal diferencia, que hace del andaluz un caso extremo, cabe hacer el mismo análisis respecto de toda España. Si bien los datos no son definitivos, pues no lo son todavía los de las violencias a uno y otro lado de las trincheras y porque no pasa de cálculo aproximado el de la población existente en cada una de las dos zonas, intentar relacionar una cosa con otra añade otra perspectiva a la mera comparación en términos absolutos. Para ello, lo ideal es circunscribirnos a los meses de julio a diciembre de 1936, los más sangrientos en ambos bandos y cuando no operaba todavía el elemento distorsionador que podrían ser las grandes conquistas franquistas de 1937 y 1938 ni tampoco el “control” de la violencia entre los republicanos. Confrontando esas variables, el forzosamente provisional cálculo es revelador: a pesar de que la zona republicana albergaba unos 14 millones de habitantes y la franquista menos de 11, hubo más víctimas en la segunda que en la primera. Frente a una tasa de muertes por las distintas prácticas represivas rayana en el en el 3 por mil en la “zona roja”, se rebasaba en conjunto el 5 por mil en la “zona azul”. Fuente: José Luis Ledesma en Violencia Roja y Azul.
Considerando lo expuesto, solo queda una cosa: ponerme en contacto con los Catedráticos de Historia de la UNED y mostrarles nuestra disconformidad (la mía, la de José Luis y, a tenor de la bibliografía de referencia, la de la mayor parte de los especialistas sobre la cuestión) respecto a las cifras que plantean.
Quizá me la juegue. Quizá no sea lo más recomendable, en el momento de empezar la carrera, cuestionar, en este asunto, lo que plantean los propios catedráticos. ¿Merece la pena el riesgo? Yo creo que sí. Mal historiador en ciernes sería si no lo hiciera. No basta con aprenderse las lecciones y plasmarlas en el folio en blanco del examen. Así que este artículo, tal y como está, lo envío al Departamento de Historia Contemporánea del Curso de Acceso de la UNED. Debo hacerlo. ¿No creen?
Amadeo Barceló
con la colaboración de José Luis Ledesma






