{"id":12395,"date":"2015-06-12T01:55:54","date_gmt":"2015-06-11T23:55:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/?p=12395"},"modified":"2015-06-12T01:56:44","modified_gmt":"2015-06-11T23:56:44","slug":"jesus-moncada-y-el-manuscrito-encontrado-en-caspe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/jesus-moncada-y-el-manuscrito-encontrado-en-caspe\/","title":{"rendered":"Jes\u00fas Moncada y el manuscrito encontrado en Caspe."},"content":{"rendered":"<p><em>Terminamos hoy el largo homenaje a la figura del escritor mequinenzano \u00a0Jes\u00fas Moncada en el d\u00e9cimo aniversario de su fallecimiento con algunos apuntes de la relaci\u00f3n personal que uno de nuestros colaboradores mantuvo con \u00e9l durante los \u00faltimos a\u00f1os de su vida.\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>-\u201cUn amigo m\u00edo del \u201cpoble\u201d es escritor\u201d,<\/em> dijo un d\u00eda mi madre, as\u00ed, de repente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>-\u201cVaya mierda de escritor ser\u00e1 ese\u201d,<\/em> pens\u00e9 yo, tambi\u00e9n de repente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tendr\u00eda yo dieciocho o diecinueve o veinte a\u00f1os y a esa edad los escritores se apellidaban London, Baroja, o Le Carr\u00e9 y, por supuesto, no cab\u00eda en ninguna cabeza que hubieran nacido en el mismo pueblo que mi madre. En el pueblo de mi madre hab\u00edan nacido mis abuelos, mis t\u00edos y mis <em>\u201ctietas\u201d,<\/em> los muchos amigos de mis padres y algunos primos con los que apenas ten\u00eda relaci\u00f3n a pesar de los besos y abrazos que intercambi\u00e1bamos en cada encuentro. Pero no un escritor que pudiera ser tomado como tal. Eso seguro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Meses m\u00e1s tarde, mi madre trajo a casa un ejemplar del libro de su amigo. Estaba muy contenta con ese libro. Hablaba de \u00e9l, de su amigo, de sus claves secretas, al alcance \u00fanicamente de los nacidos en la vieja Mequinenza. Obviamente me negu\u00e9 a dedicarle siquiera un minuto de mi tiempo. Cosas de madres. El rollazo de la nostalgia. Durante semanas, el libro del amigo de mi madre fue cambiado sistem\u00e1ticamente de lugar tratando de hacerse el encontradizo ante mi total y completa indiferencia. Me esperaba en el sof\u00e1, sobre la banqueta que hab\u00eda junto a la taza del w\u00e1ter, en la mesa del comedor, apoyado en el microondas. Mi madre ya lo hab\u00eda le\u00eddo y ahora estaba en manos de mi hermana peque\u00f1a. Yo me manten\u00eda firme. No pensaba leerlo. Ning\u00fan escritor era amigo de mi madre. Aquel libro era una mentira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No recuerdo exactamente en qu\u00e9 circunstancias decid\u00ed romper mi voto pero cualquiera puede imaginar que yo tambi\u00e9n acab\u00e9 leyendo <em>\u201cCamino de Sirga\u201d<\/em>. Por eso estamos aqu\u00ed ahora. Supongo que lo que me llev\u00f3 a cambiar de parecer fue el hecho de que el libro hubiera sido editado por <em>Anagrama<\/em> en su colecci\u00f3n <em>\u201cNarrativas Hisp\u00e1nicas\u201d<\/em>. En los ochenta, y quiz\u00e1s todav\u00eda ahora, <em>Anagrama<\/em> era la editorial m\u00e1s molona. Su inconfundible dise\u00f1o de portada, fondo amarillo para los escritores extranjeros y verde gris\u00e1ceo para los hispanos, era una invitaci\u00f3n al viaje a trav\u00e9s de la mejor literatura. Auster, Highsmith, Ford. Raymond Carver, Rafael Chirbes, Joseph Roth. En <em>Anagrama<\/em> no publicaba cualquiera, eso era un hecho. \u00bfY si mi madre dec\u00eda la verdad? \u00bfY si era cierto que ten\u00eda un amigo escritor? \u00bfY si ese escritor era uno de los grandes? \u00bfAcaso iba a quedarme con la duda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo primero que llama la atenci\u00f3n de <em>\u201cCamino de sirga\u201d<\/em> es su intensidad. Puede que Moncada quisiera compilar el universo emocional de un peque\u00f1o pueblo fronterizo, recoger sus voces, su lengua, sus tipolog\u00edas humanas, sus viejas historias. Pero est\u00e1 claro que para ello no se plante\u00f3 realizar concesi\u00f3n alguna. Ni <em>\u201cCamino de sirga\u201d<\/em> ni ninguna de sus otras obras es f\u00e1cil. M\u00e1s bien lo contrario. Habl\u00e9 de ello con \u00e9l en alguna ocasi\u00f3n. Moncada no era un escritor costumbrista, ni un condescendiente cronista local. Moncada no escrib\u00eda para los mequinenzanos. O, al menos, no solo para ellos. Utilizaba materiales locales para tejer historias con aspiraci\u00f3n universal. Eso lo ten\u00eda clar\u00edsimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00ed <em>\u201cCamino de sirga\u201d<\/em> aceptando el reto que su autor planteaba. Conoc\u00eda bien muchos de los episodios narrados en el libro por boca de mis familiares cercanos, conoc\u00eda la identidad verdadera de algunos de los personajes gracias a las aclaraciones de mi madre, conoc\u00eda el espacio f\u00edsico en el que se desarrollaba la narraci\u00f3n, pero todo ese conocimiento acumulado no consegu\u00eda empa\u00f1ar el peso de aquello que, como lector, siempre he buscado en toda novela: la aspiraci\u00f3n de su autor a proporcionar respuestas universales sencillas a preguntas universales complejas. Moncada hab\u00eda nacido en el mismo pueblo que mi madre pero podr\u00eda haber nacido en Ciudad del Cabo, en Buenos Aires, en Newark o en el condado de Yoknapatawpha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pude conocer personalmente a Jes\u00fas Moncada muchos a\u00f1os despu\u00e9s. Tambi\u00e9n gracias a mi madre. A <em>\u201cCamino de sirga\u201d<\/em>, le siguieron <em>\u201cLa galer\u00eda de les estatues\u201d,<\/em> en catal\u00e1n, y la estupenda <em>\u201cMemoria estremecida\u201d.<\/em> Para entonces ya me hab\u00eda convertido en un ferviente \u201cmoncadista\u201d. Como a tantos y tantos escritores, admiraba a Moncada. Solo que a \u00e9l pod\u00eda conocerlo si quer\u00eda. Sab\u00eda que viv\u00eda en Barcelona, en el mequinenzano barrio de Gracia, con su madre y con su hermana y que pasaba los veranos en Mequinenza. Mi madre no ten\u00eda su tel\u00e9fono pero su amiga Lina s\u00ed. Me cost\u00f3 cinco minutos conseguirlo. Y otros cinco llamarle. Ten\u00eda una excusa para quedar con \u00e9l. Equivocadamente hab\u00eda pensado que si le llamaba simplemente para decirle lo mucho que me gustaban sus novelas, me dar\u00eda calabazas. Por aquel entonces yo colaboraba con una revista que mensualmente se vend\u00eda con el Heraldo y que se llamaba <em>\u201cViajar por Arag\u00f3n\u201d<\/em>. Pens\u00e9 que ser\u00eda buena idea escribir un reportaje sobre Mequinenza, Moncada y el Ebro. La ocasi\u00f3n perfecta para quedar. Luego supe que con \u00e9l las excusas no eran necesarias, que hubiera quedado conmigo o con cualquier otro sin necesidad de apelar a su inexistente vanidad como autor literario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Moncada me esperaba en Mequinenza, frente al edificio del cine. Era una tarde de julio, tan calurosa como cab\u00eda esperar. Yo ven\u00eda de Caspe, con mi coche. Jes\u00fas me salud\u00f3 como si me conociera de siempre. Me pregunt\u00f3 por mi madre, por mis abuelos, por mi padre, por mis t\u00edos. Con su barba, su calva, su adem\u00e1n tranquilo y su sonrisa de hombre sabio y bueno, parec\u00eda un despreocupado fil\u00f3sofo griego, un feliz estoico con gafas y camisa de manga corta torr\u00e1ndose de calor a orillas del Segre. Me hab\u00eda tra\u00eddo un regalo, la recopilaci\u00f3n de sus tres colecciones de cuentos, <em>\u201cHistories de la ma Esquerra\u201d, \u201cEl caf\u00e9 de la granota\u201d y \u201cCalaveres at\u00f3nites\u201d<\/em> editado por <em>La Magrana<\/em> con el sencillo t\u00edtulo de <em>\u201cContes\u201d.<\/em> En la portada un \u201cllaut\u201d y, dentro del libro, uno de sus c\u00e9lebres cocodrilos fluviales con una simp\u00e1tica dedicatoria. Daba igual si Moncada era un gran escritor, si sus libros se hab\u00edan traducido a muchas lenguas y sus historias eran le\u00eddas en pa\u00edses lejanos por hombres y mujeres que no sab\u00edan donde estaba Mequinenza, ni Arag\u00f3n, ni Catalu\u00f1a, ni Espa\u00f1a. Era demasiado evidente que a \u00e9l eso le daba lo mismo. Pasados esos primeros minutos en los que mis halagos se fueron evaporando ante el efecto de su c\u00e1lida humildad, la conversaci\u00f3n hab\u00eda ido discurriendo con total fluidez hacia terrenos que a ambos nos resultaban interesantes. Paseamos por las ruinas del \u201cpoble vell\u201d. Subimos al Castillo. Hablamos de las primeras escaramuzas de la Batalla del Ebro, de las cargas de dinamita que los mineros mequinenzanos, entre ellos mi abuelo y sus hermanos, colocaron bajo los puentes del puerto para evitar la llegada de los fascistas caspolinos en los primeros d\u00edas de la guerra, de los \u201cllauts\u201d que bajaban repletos de carb\u00f3n y sub\u00edan repletos de mercanc\u00edas, de los moros que un d\u00eda poblaron aquellas tierras, de la rica vida social mequinenzana a principios del siglo XX, del golfer\u00edo y el ambiente disipado de sus caf\u00e9s, de la relaci\u00f3n con Caspe, del c\u00f3mico \u201cRaju\u00e1\u201d (quien iba a decirle aquella tarde a Moncada que alg\u00fan d\u00eda el afrancesado Rajoy acabar\u00eda siendo presidente del Gobierno) de la escena cultural aragonesa, de la ostentosa y premeditada ausencia de los diputados del Partido Popular el d\u00eda en que la Diputaci\u00f3n Provincial de Zaragoza le concedi\u00f3 la Medalla de Oro Isabel de Portugal, justo un a\u00f1o antes de nuestro encuentro. Tambi\u00e9n hablamos de libros y escritores. Moncada acababa de traducir \u201c<em>El Conde de Montecristo<\/em>\u201d del franc\u00e9s al catal\u00e1n y hab\u00eda terminado exhausto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella tarde signific\u00f3 mucho para m\u00ed. Hab\u00eda conocido a alguien a quien admiraba. Hab\u00eda pasado varias horas con alguien que dedicaba su vida a hacer algo que yo mismo desear\u00eda poder hacer. Pero lo m\u00e1s importante de todo era que ese alguien hab\u00eda decidido no ejercer el ascendente que pose\u00eda sobre mi y hab\u00eda preferido tratarme como si fuera su igual. Sin afectaci\u00f3n, sin postureo, sin falsa modestia. En apenas unas horas de charla, Moncada se hab\u00eda convertido en un viejo y entra\u00f1able amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Repet\u00ed aquella cita anual dos veces m\u00e1s. Los dos veranos siguientes. Luego ya no hubo m\u00e1s tiempo. En cada una de ellas, me regal\u00f3 un libro dedicado. En ambas ocasiones el escenario de nuestra charla fue la orilla del Segre. Caminamos r\u00edo arriba por un peque\u00f1o sendero ribere\u00f1o plagado de aguerridos cazadores de siluros. Recuerdo perfectamente su mirada compasiva, el gesto de desd\u00e9n que nos dedicaban al pasar junto a sus vistosos tenderetes. Un par de tipos extravagantes que prefer\u00edan deambular sin rumbo fijo entre nubes de mosquitos a permanecer sentados bajo el sol achicharrante de julio con un tubo de metal entre las manos y la mirada fija en un punto indeterminado del agua a la espera de que ocurriera algo. Hablamos durante horas de las cosas que nos interesaban, de mi familia y de la suya, de pol\u00edtica, de su entera y estricta dedicaci\u00f3n al oficio de escritor, de su rechazo a colaborar en prensa o a participar en los extensos rituales de la vida literaria. En aquel momento se encontraba escribiendo una nueva novela. Esta vez hab\u00eda decidido alejarse del universo mequinenzano para adentrarse en el mundo de las editoriales que tan bien conoc\u00eda por haber trabajado en una de ellas. Supongo que se ha quedado sin terminar. Por primera vez, seg\u00fan me dijo, recib\u00eda de su editorial un adelanto sobre sus derechos de autor que le permit\u00eda cobrar algo parecido a un sueldo m\u00e1s o menos fijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Moncada le chocaba que <em>\u201cMemoria Estremecida\u201d,<\/em> su \u00faltima novela, apenas fuera conocida por los caspolinos. No es que reclamase un reconocimiento que s\u00e9 bien que le tra\u00eda sin cuidado, era solo extra\u00f1eza ante un hecho que carec\u00eda de l\u00f3gica. La novela hab\u00eda sido escrita y publicada en catal\u00e1n y traducida primero al castellano y luego a varias lenguas. Hab\u00eda gozado de buenas cr\u00edticas. Caspe compart\u00eda con Mequinenza el protagonismo del relato y gracias a Caspe, y a la colaboraci\u00f3n de algunos caspolinos, Moncada hab\u00eda podido conocer la profunda verdad de unos hechos que, durante casi cien a\u00f1os, hab\u00edan sobrevivido a trav\u00e9s de los efluvios orales de la memoria local. Jes\u00fas me cont\u00f3 que toda la vida hab\u00eda sentido una especie de obsesi\u00f3n por aquella historia truculenta de la que todav\u00eda los mequinenzanos se resist\u00edan a hablar en voz alta. En los a\u00f1os setenta, unas obras de reforma en el edificio de los antiguos juzgados de Caspe propiciaron la aparici\u00f3n de un viejo legajo escondido por alguien entre los miles de expedientes comidos por el polvo y por las ratas. Su m\u00e1s que probable destino habr\u00eda sido la basura, pero alguien decidi\u00f3 leerlo y ese alguien cay\u00f3 en la cuenta de aquella era una historia que merec\u00eda ser contada. Como en un cuento de Borges, la verdad emerg\u00eda del laberinto para iluminar el camino de aquel que quer\u00eda caminar. Yo mismo, en mi inconsciencia infantil, podr\u00eda haber sido el destructor de aquel precioso documento priv\u00e1ndome, a\u00f1os despu\u00e9s, de la posibilidad de leer una de mis novelas favoritas. Recuerdo haber jugado con nueve o diez a\u00f1os en las estancias polvorientas del viejo Castillo del Compromiso entre las monta\u00f1as de papeles procedentes del juzgado que se desparramaban por el suelo. Todos lo hac\u00edamos. Afortunadamente el documento acab\u00f3 en las manos del abogado Florencio Repoll\u00e9s (padre) quien, conocedor del inter\u00e9s de Moncada por el asunto, no dud\u00f3 en entreg\u00e1rselo por suerte para todos sus lectores. El legajo hab\u00eda sido escrito por el escribano del juzgado, que en la novela recibe el nombre de Agust\u00edn Montol\u00ed, hombre al parecer de ideas progresistas que quiso legar a la posteridad su testimonio ante la barbarie y la injusticia cometidas en el proceso contra los cuatro delincuentes mequinenzanos que asesinaron, con \u00e1nimo de robarle, al recaudador de la contribuci\u00f3n de Caspe y a dos de sus acompa\u00f1antes. Lo normal era que \u201cMemoria Estremecida\u201d formase parte del patrimonio emocional de todos los caspolinos, que la conoci\u00e9ramos bien, que la leyeran sus escolares, que fuera motivo de orgullo. A Jes\u00fas Moncada le extra\u00f1aba que, muy al contrario, pocos caspolinos fueran conocedores siquiera de su existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante aquellos a\u00f1os habl\u00e9 muchas veces con Jes\u00fas Moncada. A trav\u00e9s del tel\u00e9fono le cont\u00e9 mis proyectos, le envi\u00e9 textos que yo mismo hab\u00eda escrito confi\u00e1ndole la gesti\u00f3n de mi propia inseguridad. \u00c9l me envi\u00f3 m\u00e1s dibujos de cocodrilos y b\u00fahos y m\u00e1s mensajes de \u00e1nimo y apoyo. Un d\u00eda mi madre me dijo que su amiga Lina le hab\u00eda dicho que a Jes\u00fas le hab\u00edan diagnosticado un c\u00e1ncer de pulm\u00f3n. Ahora soy mucho m\u00e1s mayor que entonces y, por desgracia, he aprendido lo que significa que alguien a quien quieres padezca c\u00e1ncer. Mal que bien, s\u00e9 c\u00f3mo gestionar esa dur\u00edsima situaci\u00f3n. Hace diez a\u00f1os no. Mi reacci\u00f3n fue no volver a llamarle hasta que tuviera m\u00e1s informaci\u00f3n acerca del desarrollo de su dolencia. Esper\u00e9 unos meses, pero las noticias que me iban llegando no eran buenas. Cuando me enter\u00e9 de que le hab\u00edan concedido el Premio de las Letras Aragonesas decid\u00ed aprovechar aquella nueva excusa y le llam\u00e9. No hab\u00eda aprendido nada. Con Jes\u00fas Moncada las excusas ni serv\u00edan ni eran necesarias. La voz af\u00f3nica y desentonada que escuch\u00e9 al otro lado del auricular no pod\u00eda ser la suya. Apenas un d\u00e9bil hilillo, un leve suspiro. Inici\u00e9 mi discurso atropell\u00e1ndole con mi alegr\u00eda por el reconocimiento que, por fin, le rend\u00edan en su tierra. Por supuesto, fing\u00eda no saber nada de su enfermedad, trataba de aparentar una hip\u00f3crita normalidad porque me aterraba asumir una realidad que me horrorizaba. Pura cobard\u00eda, pura biso\u00f1ez. Jes\u00fas me dej\u00f3 hablar y hablar. Cuando, por fin, termin\u00e9 pude percibir de nuevo un zarpazo de su habitual socarroner\u00eda: <em>\u201cPues ahora te voy a dar una mala noticia. Tengo c\u00e1ncer de pulm\u00f3n.\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas recogi\u00f3 su premio en Teruel, el d\u00eda de San Jorge de 2005. Creo que ese d\u00eda apenas pudo decir nada. Yo habl\u00e9 con \u00e9l unos d\u00edas o semanas antes del gran d\u00eda. Aquella fue la \u00faltima vez. Mantuvo su tono alegre, su humor fino, su entereza. Se interes\u00f3 por mis cosas, me anim\u00f3 a seguir escribiendo. Y finalmente me minti\u00f3 de la misma forma que siete a\u00f1os despu\u00e9s volver\u00eda a mentirme mi amigo Jos\u00e9 Antonio en la \u00faltima conversaci\u00f3n que mantuve con \u00e9l, apenas unos d\u00edas antes de morir tambi\u00e9n arrollado por un largo y sinuoso c\u00e1ncer. Ambos me dijeron lo mismo: que las cosas iban bien, que estaban probando un tratamiento nuevo y que las posibilidades de salir adelante eran altas, que no nos preocup\u00e1semos por nada, que todo iba a ir bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas Moncada muri\u00f3 el d\u00eda 13 de junio de 2005, lunes. Dos d\u00edas antes, el s\u00e1bado 11, present\u00e9 en el cine Goya de Caspe, junto a mi compadre Jos\u00e9 Luis Ledesma, el libro <em>\u201cManuel Buenacasa Tomeo. Militancia, cultura y acci\u00f3n libertarias\u201d<\/em>. Llevaba muchos a\u00f1os detr\u00e1s de Buenacasa y hab\u00eda hablado mucho de aquel proyecto con Jes\u00fas Moncada. Desde que solo era una idea hasta que el libro fue adquiriendo forma. Me hubiera hecho mucha ilusi\u00f3n haberle podido regalar un ejemplar del libro en justa, aunque descompensada, equivalencia a todos los libros que \u00e9l me regal\u00f3. No pudo ser. Me hubiera gustado haber podido seguir aprendiendo de \u00e9l muchos m\u00e1s a\u00f1os. Estoy seguro de que, de haber seguido con nosotros, Moncada se hubiera sentido profundamente herido ante el b\u00e1rbaro tratamiento que el Partido Popular aragon\u00e9s dio a su amada lengua, el catal\u00e1n que hablan varias decenas de miles de aragoneses. Aunque s\u00e9 que su forma de canalizar el cabreo habr\u00eda sido descojonarse a gusto al descubrir que llevaba toda la vida hablando, pensando y escribiendo en el enigm\u00e1tico LAPAO, una lengua de cuya existencia ni siquiera ten\u00eda noticia. Tambi\u00e9n estoy seguro de que se hubiera sentido profundamente dichoso ante el cambio que ha experimentado la pol\u00edtica espa\u00f1ola en las \u00faltimas semanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He admirado, y admiro, a muchos escritores. La mayor\u00eda de ellos escribieron, o escriben, en lenguas extranjeras y no tienen ninguna vinculaci\u00f3n con mi tierra. Aun as\u00ed los considero parte fundamental de mi vida. De esos escritores a los que admiro, hay dos que s\u00ed han escrito sobre mi tierra. Los dos gastan barbas de fil\u00f3sofo ateniense y poseen un superlativo sentido del humor. Uno es Jos\u00e9 Gim\u00e9nez Corbat\u00f3n. El otro era Jes\u00fas Moncada. Tengo la inmensa suerte de poder decir que los dos son mis amigos. Nunca escribo sobre mi vida personal. Si he escrito este texto es porque me acuerdo muchas veces de Jes\u00fas Moncada y porque quiero homenajearle en este d\u00e9cimo aniversario de su muerte ofreci\u00e9ndole lo m\u00e1s preciado que poseo: el recuerdo, un maravilloso recuerdo. Quiero, adem\u00e1s, dejarlo por escrito para que otros puedan, a su vez, recordarlo. Por favor, que nadie vea en esta peque\u00f1a confesi\u00f3n un ejercicio de vanidad o de exhibicionismo fatuo. Es solo un recordatorio emocionado de su memoria. De la suya y la de todos los que se han ido marchando.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Jes\u00fas Cirac Febas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/jesus-moncada-y-el-manuscrito-encontrado-en-caspe\/descarga-50\/\" rel=\"attachment wp-att-12396\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-12396\" src=\"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/descarga1.jpg\" alt=\"descarga\" width=\"258\" height=\"195\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Terminamos hoy el largo homenaje a la figura del escritor mequinenzano \u00a0Jes\u00fas Moncada en el d\u00e9cimo aniversario de su fallecimiento con algunos apuntes de la<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":12396,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[9],"tags":[3665,3996,3988,3664,3991,3666,3667],"class_list":["post-12395","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-fondodearmario","tag-camino-de-sirga","tag-el-cafe-de-la-granota","tag-estremida-memoria","tag-jesus-moncada","tag-la-galeria-de-las-estatuas","tag-memoria-estremecida","tag-mequinenza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - 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