{"id":177,"date":"2011-11-14T23:31:44","date_gmt":"2011-11-14T22:31:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/?p=177"},"modified":"2014-09-04T16:26:23","modified_gmt":"2014-09-04T14:26:23","slug":"encarnacion-gimenez-menor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/encarnacion-gimenez-menor\/","title":{"rendered":"Encarnaci\u00f3n Gim\u00e9nez Menor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/casa-encarna1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-180\" title=\"casa encarna\" src=\"http:\/\/www.bajoaragonesa.org\/elagitador\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/casa-encarna1-228x288.jpg\" alt=\"\" width=\"228\" height=\"288\" \/><\/a>Nac\u00ed en Caspe en 1931. Mi padre era maestro y se llamaba Salvador Gim\u00e9nez Sanagust\u00edn. Era natural de Zaragoza. Mi madre hab\u00eda nacido en Caspe, tambi\u00e9n era maestra, y se llamaba Encarnaci\u00f3n Menor Poblador. A mi padre lo fusilaron los llamados \u201crojos\u201d, cuando yo tan s\u00f3lo ten\u00eda cinco a\u00f1os de edad, en julio de 1936. Apenas tuve tiempo de conocerle. Durante la Rep\u00fablica, el hermano de mi madre, Mariano Menor Poblador, hab\u00eda militado en Uni\u00f3n Republicana desempe\u00f1ando el cargo de Gobernador Civil en distintas ciudades. Soria, Castell\u00f3n, Le\u00f3n, Zaragoza y Pamplona. Fue precisamente en esta \u00faltima donde le sorprendi\u00f3 el Alzamiento de los llamados \u201cnacionales\u201d. Salv\u00f3 la vida escapando de Mola a la vecina Francia. Muri\u00f3 en el Principado de Andorra, debilitado, triste y casi en soledad en 1947.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar del triste destino que arrastraba mi familia, no recuerdo los a\u00f1os de mi infancia y juventud como especialmente oscuros o dolorosos. Dentro de lo malo, yo era hija de un m\u00e1rtir y encontr\u00e9 m\u00e1s facilidades para salir adelante que otras ni\u00f1as que, como yo, tambi\u00e9n hab\u00edan perdido a sus familias pero eran \u201crojas\u201d. Tampoco mi madre, golpeada como se ha visto por la sa\u00f1a de las dos Espa\u00f1as, nos inculc\u00f3 el odio y el rencor que con demasiada frecuencia lo invad\u00eda todo. Recuerdo, pues, con cari\u00f1o aquellos a\u00f1os de juegos, canciones, paseos con las amigas, y difusos sue\u00f1os de futuro tutelados por la propaganda de la Secci\u00f3n Femenina. Despu\u00e9s vino el Bachiller en un internado en Zaragoza y los estudios de Enfermer\u00eda. Pertenezco a la primera promoci\u00f3n de enfermeras de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Septiembre de 1956 yo ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os. Llevaba casi dos trabajando en el reci\u00e9n abierto Ambulatorio de Caspe. Viv\u00eda con mi madre y con mi hermana melliza, Ana Mar\u00eda, en un piso de la calle Mayor y ten\u00eda lo que se podr\u00eda llamar un novio formal. Aprovechando unas cortas vacaciones, viaj\u00e9 a Tarragona con la intenci\u00f3n de pasar unos d\u00edas en casa de un matrimonio amigo de la familia. De aquellos d\u00edas recuerdo lo mucho que me impresionaron los vestigios romanos que albergaba la ciudad. Ah! Roma!, suspiraba yo mientas contemplaba medio asustada aquellas ruinas imponentes. Llegado el d\u00eda de regresar a Caspe, fui f\u00e1cilmente convencida por mis anfitriones para posponer veinticuatro horas mi viaje. As\u00ed lo hice sin sospechar la trascendencia que aquel gesto aparentemente inocente habr\u00eda de tener en el resto de mi vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo que la tarde en que emprend\u00ed la marcha recorrimos el and\u00e9n de la estaci\u00f3n hurgando en los vagones en busca de uno en el que pudiera viajar una se\u00f1orita sola. Hubo suerte. Hallamos un compartimento casi vac\u00edo en el que un se\u00f1or entrado en a\u00f1os de apariencia respetable y un cura anciano esperaban en silencio. Me apropi\u00e9 de uno de los asientos vac\u00edos y muy lentamente el convoy se puso en marcha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas pasaron unos segundos cuando varios j\u00f3venes irrumpieron en el compartimento. Entre risas y expresiones en una lengua que en un principio no consegu\u00ed identificar ocuparon los sitios que quedaban libres. Recuerdo perfectamente el primer pensamiento que atraves\u00f3 mi mente: \u201cParecen actores de cine\u201d. Yo estaba acostumbrada a la tosquedad de los chicos de Caspe, a sus trajes de rayas, a que nos trataran como si fu\u00e9ramos objetos llegados del espacio exterior. De aquellos extranjeros me impresionaron sus ropas coloridas y sus bellos rostros bronceados; la\u00a0espontaneidad de sus gestos y el aplomo de sus voces. En realidad su sola\u00a0presencia desprend\u00eda una sincera y contagiosa alegr\u00eda de vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabido es que los italianos son por naturaleza galantes y en ese sentido mis compa\u00f1eros de viaje encajaban a la perfecci\u00f3n en el estereotipo que todos conocemos. La presencia de aquel se\u00f1or de apariencia respetable y de aquel cura anciano no les impidi\u00f3 someterme a todo tipo de requiebros y atenciones antes incluso de que el tren abandonase la estaci\u00f3n. \u201cSignorina, signorina\u201d. Recordemos que corr\u00eda 1956 y que yo era la t\u00edpica se\u00f1orita espa\u00f1ola, soltera, educada en los m\u00e1s tradicionales valores.\u00a0Resultaba del todo impensable que pudiera responder con cualquier tipo de gesto\u00a0a aquellas provocaciones. Mi postura de f\u00e9rreo rechazo se ve\u00eda reforzada por el\u00a0desconocimiento absoluto del idioma. Pero uno de ellos hablaba espa\u00f1ol con cierta soltura y se dirigi\u00f3 a m\u00ed en un tono educado a la vez que divertido y aunque el se\u00f1or de apariencia respetable y el cura anciano segu\u00edan ocupando sus asientos como un recordatorio permanente de lo que se esperaba de una se\u00f1orita como yo, era imposible resistir durante todo el trayecto a aquella desbordante fuente de energ\u00eda positiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me explic\u00f3 que formaban un grupo de amigos que viajaban de Barcelona hasta C\u00e1diz en donde ten\u00edan la intenci\u00f3n de embarcarse en el buque \u201cCristoforo Colombo\u201d de vuelta a Roma, la ciudad de la que eran todos originarios. Por el camino, estaba previsto que visitaran Madrid, C\u00f3rdoba, Granada y Sevilla. Era evidente que ten\u00edan educaci\u00f3n y aquello que por entonces llam\u00e1bamos \u201cmundo\u201d. Resultaba agradable sentirse el centro de atenci\u00f3n, saberse admirada. Ya he explicado que por aquel entonces yo no era\u00a0m\u00e1s que una se\u00f1orita preparada desde la cuna para ejercer como tal en una sociedad profundamente tradicional. Supongo que resultar\u00e1 sencillo disculpar mi debilidad, mucho m\u00e1s si se tiene en cuenta que en aquella \u00e9poca todas hab\u00edamos podido disfrutar las aventuras de Audrey Hepburn y Gregory Peck en \u201cVacaciones en Roma\u201d y que el mito rom\u00e1ntico italiano hab\u00eda alcanzado su apogeo m\u00e1ximo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A medida que la conversaci\u00f3n progresaba, gracias a los buenos oficios del improvisado traductor, me fui dando cuenta no solo de lo a gusto que me encontraba en su compa\u00f1\u00eda sino de que uno de aquellos chicos era tremendamente guapo. Con todo disimulo intentaba observarle mientras charlaba cada vez m\u00e1s animadamente con sus compa\u00f1eros. En un momento de la conversaci\u00f3n, no recuerdo a cuenta de qu\u00e9, pronunci\u00e9 la \u00fanica palabra italiana que conoc\u00eda: \u201cspaghetti\u201d. Todos rieron, c\u00f3mplices, y el chico guapo aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para rogarme que le diera mis se\u00f1as. Se ofrec\u00eda a\u00a0enviarme una caja de aut\u00e9nticos spaghetti romanos cuando volviese a su casa. Su\u00a0familia era propietaria de una f\u00e1brica de pasta. No recuerdo bien cuanto tard\u00e9 en ceder a sus pretensiones pero lo hice. No debiera haberlo hecho pero lo hice. Actu\u00e9 en contra de los principios que me hab\u00edan inculcado. Supongo que obr\u00e9 mal. Bueno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo ahora con suma nitidez la llegada del tren a la estaci\u00f3n de Caspe. Ya era de noche y mi madre y mi hermana esperaban junto a las v\u00edas. Yo baj\u00e9 del vag\u00f3n escoltada por mis nuevos amigos. Por unos instantes aquel triste and\u00e9n plagado de carbonilla, pa\u00f1uelos de hato y maletas de cart\u00f3n ce\u00f1idas con cuerdas de esparto pareci\u00f3 iluminarse intensamente. Recuerdo que el tren se fue desvaneciendo en la lejan\u00eda camino de Zaragoza y con \u00e9l aquella luz misteriosa que probablemente solo yo supe percibir \u00bfC\u00f3mo voy a olvidar las explicaciones que tuve que dar tanto a mi madre como a mi hermana acerca de aquellos ruidosos acompa\u00f1antes? \u00bfC\u00f3mo olvidar la amargura que me invadi\u00f3 cuando me vi obligada a aceptar que nunca volver\u00eda a verlos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chico guapo de la camisa rosa, el mismo que se hab\u00eda ofrecido a suministrarme los mejores spaghetti del Lazio, se llamaba Dante D\u2019Angelli Micarelli. Lo supe a los pocos d\u00edas. Cuando recib\u00ed la primera postal remitida desde Madrid. Y fui sabiendo m\u00e1s cosas de \u00e9l. A trav\u00e9s de otra postal remitida desde C\u00f3rdoba y de otra remitida desde Sevilla y de una larga y emocionada carta con sello de Roma en la que me dec\u00eda que no hab\u00eda\u00a0podido olvidarme ni un solo d\u00eda desde aquella tarde alocada y en la que me ped\u00eda que me casara con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Casarme con un italiano mayor que yo con el que ni siquiera hab\u00eda mantenido una conversaci\u00f3n propiamente dicha. Comprometerme con un extra\u00f1o que viv\u00eda a dos mil kil\u00f3metros de distancia y del que apenas conoc\u00eda el nombre. Aquello era m\u00e1s que una locura. Era impensable, rid\u00edculo. Chocaba con toda la escala de valores del mundo al que pertenec\u00eda. Atacaba a los cimientos de la educaci\u00f3n que hab\u00eda recibido desde peque\u00f1a. Naturalmente le dije que s\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para mi madre fue un duro golpe. Es l\u00f3gico. Solo consigui\u00f3 tranquilizarse cuando, apenas dos meses despu\u00e9s, aprovechando las vacaciones de Navidad, Dante se present\u00f3 en Caspe acompa\u00f1ado de su hermana mayor y de un sobrino. Digamos que la situaci\u00f3n no era propiamente tensa pero s\u00ed poco convencional. La comitiva resultaba m\u00e1s que peculiar para los est\u00e1ndares del Caspe de la \u00e9poca. Para aquellos burgueses\u00a0romanos, refinados y cultos, un pueblo como Caspe alcanzaba a ser poco m\u00e1s que una\u00a0evocaci\u00f3n de la triste realidad de las provincias del sur de Italia. Un lugar pobre y atrasado, cargado de un incomodo exotismo, pero no apto para la vida, al menos tal y como ellos la conceb\u00edan. Para mi madre, aquellos burgueses romanos, adorables y educados pero quiz\u00e1s algo extravagantes, constitu\u00edan la m\u00e1s seria amenaza de perder a un ser querido que concebir pudiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque lo cierto es que Dante y su familia eran distintos a todo lo que conoc\u00edamos. Disfrutaban de una posici\u00f3n econ\u00f3mica m\u00e1s que desahogada, pose\u00edan inmuebles, f\u00e1bricas de pasta, restaurantes de lujo y comercios en Roma, pero su extremada cordialidad les hac\u00eda resultar extra\u00f1amente cercanos. Eran sofisticados pero rehu\u00edan cualquier forma de afectaci\u00f3n o esnobismo. Su elegancia parec\u00eda residir, m\u00e1s que en la\u00a0lujosa factura de sus ropas y efectos o en su porte aristocr\u00e1tico, en la sincera naturalidad con la que se comportaban en todo momento y en todo lugar, en la afabilidad de su trato hacia todas las personas sin reparar en su origen social o su estatus econ\u00f3mico o cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pronto dispusimos de la informaci\u00f3n necesaria para entender a la familia D\u2019Angelli. Mi madre hab\u00eda puesto como condici\u00f3n para darme su consentimiento observar a Dante y a los suyos en su h\u00e1bitat natural. Viajamos a Roma no mucho despu\u00e9s de su visita a\u00a0Caspe. Los acontecimientos discurr\u00edan con celeridad. Ten\u00edamos prisa por vivir juntos. Los D\u2019Angelli viv\u00edan en el centro de Roma, rodeados de antiguos palacios y templos imponentes, en Piazza della Rotonda, en una bonita casa de cuatro pisos, en cuya fachada destacaba un inmenso fresco de la Inmaculada Concepci\u00f3n, ubicada a escasos metros de la puerta de acceso del majestuoso Pante\u00f3n de Agripa. Todo resultaba id\u00edlico, casi irreal. Nuestra historia de amor parec\u00eda sacada de la mente de un guionista de Hollywood. Sin embargo la familia de Dante tambi\u00e9n sab\u00eda lo que era sufrir. La reciente guerra hab\u00eda supuesto la movilizaci\u00f3n de todos los hijos varones y la p\u00e9rdida de buena parte de su patrimonio. Su ciudad, la Roma que tanto amaban, fue duramente castigada y muchos de sus amigos y familiares sufrieron en primera persona las sangrientas consecuencias del conflicto. Con diecisiete a\u00f1os Dante fue movilizado y enviado a la frontera norte de Italia. Se hab\u00eda librado de lo peor por su condici\u00f3n de miembro de menor edad de una familia en la que ya hab\u00eda demasiados combatientes. Uno de sus hermanos protagoniz\u00f3 una historia mucho m\u00e1s dram\u00e1tica con extra\u00f1o final feliz. Enviado a combatir en las lejanas tierras de Abisinia, en una guerra colonial cuyas claves reales ni siquiera llegaba a alcanzar, su rastro se perdi\u00f3 con el final de la contienda en alg\u00fan lugar de las altas mesetas africanas. Dado por muerto, los D\u2019Angelli celebraron su funeral en aquella ciudad abierta y dolorida en la que soldados americanos patrullaban entre ruinas milenarias y desesperados ladrones de bicicletas intentaban salir adelante sin importar demasiado como. La madre de Dante muri\u00f3 convencida de que el cad\u00e1ver de su hijo hab\u00eda sido pasto de las hienas o convertido en trofeo por una patrulla de soldados et\u00edopes que celebrar\u00eda as\u00ed su victoria sobre los invasores fascistas. Muri\u00f3 sin conocer el paradero de su hijo, sin saber que las tropas brit\u00e1nicas que liberaron Etiop\u00eda lo hab\u00edan hecho prisionero y que, durante casi diez a\u00f1os, hab\u00eda purgado sus culpas en un batall\u00f3n disciplinario acuartelado en alg\u00fan remoto lugar de la India hasta que la fortuna quiso devolverlo al lugar del que nunca debi\u00f3 haber partido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me cas\u00e9 con Dante en 1958. La boda se celebr\u00f3 en Zaragoza. El banquete tuvo lugar en el Hotel Goya. Curiosamente, su propietario no era otro que aquel se\u00f1or de aspecto respetable cuya presencia en el vag\u00f3n en el que viajaba de Tarragona a Caspe debiera haber impedido que Dante, u otros tipos como Dante, entablara relaciones con una se\u00f1orita respetable como yo. Tras la boda, me mud\u00e9 a Roma. Dante era propietario de un\u00a0garaje de coches ubicado en el centro de la ciudad que contaba con taller de mec\u00e1nica, chapa y tapicer\u00eda. Un negocio muy pr\u00f3spero. Prueba de ello es que en \u00e9l se reparaban los coches de la Embajada norteamericana. Las cosas no pod\u00edan ir mejor. Durante cinco a\u00f1os fui la mujer m\u00e1s feliz de la Tierra. Ten\u00eda mucho m\u00e1s de lo que nunca me hab\u00eda atrevido a so\u00f1ar. Dante y yo \u00e9ramos j\u00f3venes, nos am\u00e1bamos, no ten\u00edamos problemas econ\u00f3micos, viv\u00edamos en una de las ciudades m\u00e1s fascinantes del planeta. Recuerdo las sesiones de \u00f3pera en las Termas de Caracalla y los lujosos restaurantes de la V\u00eda Veneto frecuentados por estrellas de cine, arist\u00f3cratas y vividores. Recuerdo el ruidoso mercado del Campo de\u2019 Fiori, en el que mi cu\u00f1ada ten\u00eda un comercio, y entre cuyos puestos me encantaba perderme. Pero sobre todo recuerdo la ligereza con la que se viv\u00eda en un pa\u00eds que, al igual que Espa\u00f1a, hab\u00eda padecido la lacra de una guerra reciente pero hab\u00eda conseguido superarla. Los comercios rebosaban de bienes que en Espa\u00f1a tardar\u00edamos a\u00fan muchos a\u00f1os en disfrutar. Las parejas se besaban en los parques sin tener que someterse a aquel oprobioso recato que a los espa\u00f1oles se nos hab\u00eda impuesto desde la propia Jefatura del Estado. Recuerdo la ausencia de rencor, la libertad con la que todos se desenvolv\u00edan. Conceptos como \u201cvencedores\u201d o \u201cvencidos\u201d hab\u00edan sido desterrados de cualquier discurso. El pa\u00eds parec\u00eda empe\u00f1ado en mirar hacia adelante sin tener en cuenta lo que uno era o lo que uno pensaba. Recuerdo las elecciones, el bullicio con el que las diferentes ideas pol\u00edticas se adue\u00f1aban del espacio p\u00fablico.\u00a0 \u201cVotate a l\u2019avocato Basile\u201d bramaba un altavoz por las estrechas calles del barrio. Por m\u00e1s se\u00f1as, el \u201cavocato Basile\u201d era nuestro vecino de escalera. Un personaje real, de carne y hueso, tangible, verdadero. Dante votaba al Partido Socialista, algo que a m\u00ed, sobreexpuesta a los perniciosos efectos de la propaganda franquista, me cost\u00f3 entender y que, con el tiempo, \u00a0tambi\u00e9n acab\u00e9 haciendo. A pesar de las dificultades, Italia, o al menos Roma, hab\u00eda decidido incorporar la idea de Democracia a su proyecto de vida en com\u00fan y aquello, para una chica de veinticinco a\u00f1os educada en los valores del Caspe de la posguerra, era como respirar el aire de las cumbres despu\u00e9s de haber permanecido d\u00e9cadas encerrada en un ba\u00fal sin aberturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s vinieron cosas buenas y cosas malas. Vinieron tres hijos maravillosos. Pero tambi\u00e9n vino la muerte. Dante se fue precipitadamente en 1963 y yo prefer\u00ed volver a Espa\u00f1a con mi madre y con mi hermana. Recib\u00ed el completo apoyo de la familia de mi marido, afectivo, tambi\u00e9n econ\u00f3mico, pero tom\u00e9 la decisi\u00f3n irrevocable de volver. Sab\u00eda que regresaba a un lugar peor que el que dejaba atr\u00e1s. Daba por hecho que, despu\u00e9s\u00a0de aquella maravillosa experiencia, ya nada podr\u00eda ser como antes, que me iba a costar mucho digerir la realidad de aquel pa\u00eds tan gris y tan injusto pero ten\u00eda muy claro que, sin Dante, mi sitio estaba en Espa\u00f1a. Lo que viene despu\u00e9s es tambi\u00e9n largo y requerir\u00eda mucho m\u00e1s tiempo y espacio. Me instal\u00e9 en Zaragoza, cri\u00e9 a mis hijos con la ayuda de mi madre. Volv\u00ed a ejercer mi profesi\u00f3n hasta la jubilaci\u00f3n. Vivo a\u00fan all\u00ed, rodeada de mis hijos y mis nietos. Soy feliz. Conservo el contacto con Caspe. Todos los veranos vuelvo a Italia y me reencuentro con Dante y su familia en las faldas de los montes Apeninos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d\u00edas en una librer\u00eda de Zaragoza repar\u00e9 en un libro cuyo t\u00edtulo me pareci\u00f3 curioso. \u201cVentajas de viajar en tren\u201d de un tal Antonio Orejudo. Qu\u00e9 cosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Jes\u00fas Cirac<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nac\u00ed en Caspe en 1931. Mi padre era maestro y se llamaba Salvador Gim\u00e9nez Sanagust\u00edn. Era natural de Zaragoza. 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