Wednesday, Jul. 26, 2017

Manifiesto

Éramos niños y el año 2000 brillaba en el horizonte como una puerta misteriosa que inevitablemente habríamos de atravesar cuando nos hiciéramos mayores. Sabíamos a través de múltiples fuentes que al otro lado esperaba un mundo extraño en el que nos gobernarían las computadoras, nos alimentaríamos con píldoras, vestiríamos monos blancos adaptados al vacío y la falta de gravedad y oscuros monolitos llegados desde el espacio exterior nos revelarían los secretos del cosmos. Aunque nada en nuestra vida cotidiana pareciera presagiarlo, aquel era nuestro destino. Solo había que esperar.  Estaba escrito.

Pero el año 2000 llegó y no percibimos nada extraño. Nuestras vidas de adulto continuaron con su vertiginosa rutina. Seguimos pisando las mismas calles, saludando a los mismos viejos amigos. Seguimos comiendo los mismos platos, vistiendo ropas parecidas aunque de tallas superiores y cultivando la misma ignorancia acerca de los secretos del cosmos y, en general, acerca de casi todo. También descubrimos que las computadoras servían para descargar pelis y discos y para chatear. Habíamos esperado en vano. Quienquiera que lo hubiera escrito, se había equivocado.

Resulta injusto negar que sí hubo cambios. Desgraciadamente muchos son los rasgos que nos diferencian de aquellos niños ingenuos que creían todo lo que veían en la tele. En términos generales hoy vivimos mejor, tenemos más cosas, estamos más protegidos. Si la felicidad existe muy probablemente estemos mucho más cerca de alcanzarla hoy que treinta años atrás.

¿Que a qué viene esta disertación acerca del retrofuturismo infantil? ¿Que si esto es otra horrible lamentación por el tiempo perdido? Nada de eso. El tiempo ha pasado, el país ha cambiado, las costumbres han cambiado, nuestros rostros han cambiado, nuestras vidas han cambiado. Pero no lo han hecho los discursos. Hemos mejorado, hemos avanzado, hemos perdido ingenuidad, hemos ganado en cinismo.  Pero seguimos creyéndonos a pies juntillas los mismos cuentos de siempre. Nuestras capacidades se han visto incrementadas por las múltiples oportunidades que el mundo nos brinda, nuestras percepciones se ven ampliadas por lo mucho que hemos aprendido, pero en el fondo seguimos atados al viejo y atávico repertorio de respuestas con las que ya nuestros abuelos ponían orden a sus mundos pequeños y de por sí ordenados. Somos capaces de manejar complejas maquinarias, de interactuar en el seno de sofisticadas e inéditas estructuras sociales pero seguimos sintiendo pánico a encarar cualquier reflexión acerca de lo que somos y de cómo hemos llegado a serlo.

Once años después de aquel que iba a cambiar nuestras vidas somos muchos los que seguimos esperando a que ciertas cosas cambien de una vez. El caso es que algunos, cansados de esperar, nos hemos hecho la siguiente y obvia pregunta: ¿Por qué no intentamos cambiarlo nosotros en lugar de seguir esperando a que otros lo hagan? ¿Por qué no dar un paso al frente? Y aunque pueda parecer un desvarío, no hace mucho, una noche, después de haber formulado la pregunta en voz alta, mientras escrutábamos con sobrecogimiento el firmamento estrellado en busca de una respuesta, pudimos percibir una oscura forma rectangular flotando por encima de nuestras cabezas que, poco a poco, fue descendiendo hasta posarse suavemente a un centenar de metros de nuestra posición. Ninguno de los presentes consigue hoy ponerse de acuerdo acerca de la naturaleza del sonido que brotó de aquella presencia negra como la misma noche. Ninguno es capaz de recordar cuanto duró la experiencia. Lo cierto es que a pesar de la confusión que todavía guía nuestros recuerdos, todos abandonamos el lugar con una idea fija instalada en la mente: fundar BAJOARAGONESA DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA. Y lo peor es que tampoco sabemos muy bien qué es BAJOARAGONESA DE AGITACION Y PROPAGANDA. Sólo conseguimos recordar los siete puntos que aquel monolito nos transmitió claramente entre estridencias y distorsiones sonoras y que reproducimos a continuación para general conocimiento:

1- Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda no es una sociedad mercantil. No es una cofradía de Semana Santa. Ni un club de fútbol. Ni una sociedad gastronómica. Ni un Fondo de Inversión.

2- Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda no aspira a nada. No renuncia a nada. No tiene ideología. No tiene un programa. Ni un horario. Ni un esquema.

3- Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda no ha venido para quedarse. Ni para llevarse a nadie por delante. Ni para poner las cosas en ningún sitio. Ni para enriquecer a la sociedad civil. Ni para enriquecerse a sí misma ni a ninguno de sus miembros.

4- Bajoaragonesa de Agitación y propaganda aspira más a expandirse en la atmósfera como los gases nobles que a crecer en dirección al cielo como los árboles o las vanas ilusiones. Antes que hacerse con una legión de convencidos prefiere inundar las calles con las semillas de la duda. Huye como de la peste del asentimiento y la complacencia.

5- Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda deberá buscar en los arrabales poco frecuentados de las ciudades un sitio cómodo y sombreado desde el que tentar a los viajeros. No le importa acercarse demasiado al fuego. Ni exponerse a la lluvia o al sol.

6- Bajoragonesa de Agitación y Propaganda tiende la mano a los que se interrogan por el curso de los acontecimientos. A los que gustan de sacar conclusiones incluso equivocadas. A los que merodean. A los que preguntan. A los que no se callan.

7- Para todo ello nace Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda. Para agitar, provocar, conciliar, proponer, refutar. Para hacer propaganda y divulgar y compartir y motivar. Para exigir y exigirse. Para derruir los cimientos del complejísimo mundo en el que nos ha tocado vivir, para refundarlo, para mejorarlo o, simplemente, para intentar entender una mínima parte de su endemoniado funcionamiento.

Lo único que alcanzamos a decir es que, a medida que vayamos sabiendo más cosas, seguiremos informando.

 

Nota:

La dirección, editorial o consejo de redacción no se responsabiliza ni necesariamente tiene que estar de acuerdo con las opiniones de sus colaboradores o la forma de expresarlas, ni de las opiniones expresadas en las entrevistas.

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