Wednesday, May. 23, 2018

CASPE LITERARIO. EL POETA REY DEL CORRAL Y SU GUIÓN DE RADIO

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23 Feb ’18

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CASPE LITERARIO. EL POETA REY DEL CORRAL Y SU GUIÓN DE RADIO

Fue poeta y comunista, pese a lo que logró cierta fama y no cosechó demasiados enemigos. Apenas pude conversar con él un par de veces, las suficientes para coincidir con casi todos: José Antonio Rey del Corral (21-V-1939 – 25-V-1995) sobrepasaba el perfil de buena persona. Este aragonés apasionado por las artes plásticas e impulsor de cientos de iniciativas culturales, se dedicó a dar clases de literatura y cine y a combatir la injusticia desde el compromiso social.

José Antonio Rey del Corral. Imagen: poetassigloveintiuno.blogspot.com.es

Apena con 15 años, luciendo granos de adolescencia, se incorporó a la famosa tertulia zaragozana del Café Niké, liderada por Miguel Labordeta. Muy joven, en las aulas de la facultad de Filosofía y Letras, impulsó el primer cineclub universitario de Aragón y dio a la imprenta sus primeros versos, que aparecieron en 1959 en Esquina.

Por entonces, se acercó a Caspe para participar en unas prácticas estudiantiles de excavaciones arqueológicas, programadas en el cabezo de Monleón por la Universidad de Zaragoza y dirigidas por el catedrático Antonio Beltrán.

Fruto de aquella estancia fue la redacción de un guión radiofónico, pura literatura concebida para ser escuchada. Siete folios, apretadamente mecanografiados, que todavía permanecen inéditos y que tituló: “Un atardecer de agosto de 1960 tres estudiantes de historia celebran la memoria de ciertas gentes que habitaron el Cabezo de Monleón –cerca de Caspe- hace 2.500 años”.

Hoy exhumaré algunos fragmentos transcritos de una copia del original que me regaló el autor en mayo de 1988. Pero se impone situar el contexto.

Las poco más de trescientas personas que llegaron a vivir en el hoy famoso poblado protohistórico de Monleón se dedicaron a la agricultura del cereal, al pastoreo y a la metalurgia del bronce. Este cerro amesetado de algo más de doscientos metros de altura, que un meandro del Guadalope rodea por tres de sus lados, agrupó en su superficie más de medio centenar de casas. La vida discurrió allí, parece que sin especiales sobresaltos y con pocos traumas, durante dos siglos, aproximadamente desde el 950 al 750 a.C. Fue abandonado, no por ataque enemigo, sino empujados sus habitantes quizá por un incendio, por una modificación climática o por razones de productividad económica. En todo caso, sus gentes dispusieron de tiempo suficiente como para transportar consigo numerosos objetos y enseres que les pudieran seguir siendo útiles en el lugar en el que decidieran reinstalarse.

En diciembre de 1952,  Beltrán Martínez dirigió la primera campaña de excavaciones, a la que seguirían otras ocho hasta 1960. Tuvieron una amplia repercusión nacional y europea: la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas organizó una visita oficial  y hasta el NODO se acercó a filmar las excavaciones, divulgándolas en 1954 en las pantallas de miles de cines de toda España.

Es seguro que el estudiante Rey del Corral elaboró el guión radiofónico mencionado por puro placer creativo. Un placer valiente, porque han sido contados los buenos literatos que se han sentido cómodos en este género.

Los estudiantes se ponían manos a la hora de madrugada, cavando, abriendo zanjas y cepillando suelos… En medio del zurriburri de tanta actividad y del agobio del tórrido mes de agosto, él encontró un hueco para meditar sobre la distancia que separaba a su generación de aquellas gentes del Bronce Final. El paso del tiempo enlazaba eslabones: “Cada existencia es una superposición de las generaciones que le precedieron”. He subrayado más frases y párrafos en el guión:

 “El cerro es áspero, de difícil subida. Domina el río y como atalaya es perfecta para controlar los caminos. Es como una estratégica piedra del destino, dramáticamente clavada en el proceso de los siglos.

Llevamos contadas hasta 50 casas, cuyas caídas paredes fueron elaboradas con la materia de estos duros terrones que arrancamos pacientemente.

Ahora, sabemos que dispusieron de esta altura, para así sentirse prevenidos de nocturnas sorpresas.

Por eso, y por el río, que allá abajo sigue midiendo un tiempo anterior al hombre”.

El aprendiz de arqueólogo, desliza en su propuesta radiofónica anécdotas del día a día:

“Sí, cuando extraemos una forma redonda, imaginamos con alborozo que supieron del vino, quizá del aceite, y que tenían amontonado grano, que amasaban al amanecer, que molían con estas rodadoras piedras cilíndricas, sobre estas lajas de arenisca.

Ayer, bajamos una carretilla con no menos de treinta de estos molinos.

Y la carretilla se nos volteó de pronto, así que los molinos rodaron monte abajo, como si quisieran rebelarse contra la profanación que fue desenterrarlos”.

Surgen y se suceden los interrogantes de quien quiere saber más de lo que se puede:

“Y porque conocieron la zozobra de las cosechas y las intempestivas catástrofes -esa piedra caída del cielo, esa helada temprana que quema el sembrado- … debieron practicar apaciguadores cultos… pedirían, lamentarían (…) ¿Cantarían ahuyentando el susto de las noches larguísimas? ¿Añorarían el origen? ¿Anhelarían el sueño de un mundo imantado de luz?”.

Las prácticas del verano no se limitan al trabajo al aire libre. Tan importante como recuperar restos del pasado es reflexionar sobre ellos:

“… hemos consignado en el cuaderno de campo nuestras observaciones, nuestras intuiciones.

Hemos levantado los croquis de estos lugares donde se encendió el fuego, donde se amasó la harina, donde se redujo el miedo a una protección de paredes apenas consistentes.

Hemos levantado el diseño de una sombra.

Y luego, pondremos en limpio todo lo que creemos saber acerca de los hombres y mujeres que fundaron este despoblado”.

En 1938, tras romper el frente de Aragón, el avance de las tropas de Franco en la zona republicana se fue consolidando de manera incontestable. En la denominada Batalla de Caspe se enfrentaron las fuerzas de élite franquistas (apoyadas por alemanes, italianos y marroquíes) contra un ejército republicano articulado alrededor de las Brigadas Internacionales (con presencia de soldados americanos, belgas, canadienses, franceses, ingleses, italianos…). En combates sin piedad, los sublevados tenían como objetivo desmantelar las defensas republicanas, articuladas en el valle del Guadalope.

La primera parte de la Batalla de Caspe finalizó el 17 de marzo, cuando las tropas nacionales se hicieron con la ciudad. Pero aún quedarían días de sangre, con encarnizados enfrentamientos en el término municipal, a lo largo de la ribera del río mencionado, en dirección a Cataluña.

El cerro de Monleón (siempre denominado Cota 201 en la jerga militar) se convirtió en uno de los ejes de la resistencia. ¡Miles de años después, su posición seguía considerándose estratégica! Los brigadistas se hicieron fuertes en lo alto y planificaron su defensa y fortificaron el cabezo cavando trincheras y pasadizos cubiertos. Cayeron las bombas… Rey del Corral lo constató en sus excavaciones:

“Sí, la colina es estratégica. Nos lo confirma esa otra zanja que cavaron las Brigadas Internacionales. De ella, surge otra historia, más inmediata. Apenas han transcurrido unos pocos lustros.

Estamos ante la más sorprendente promiscuidad que pudiera soñar un surrealista.

Encontramos vasijas de un pasado remoto junto a fragmentos de un fragor más próximo.

Hoy, de entre los escombros del poblado celta (sic) hemos extraído un periódico en lengua alemana.

… y una descuartizada chaqueta.

… y una bota abierta como una mueca.

… y esos huesos recientes sobre los que una orden tajante arrojó tierra apresurada.

Sus dueños, también vinieron del norte.

Y estos sí que traían metal consigo. Lo traían y lo dejaron debajo del monte.

Lo traían, pero también lo recibieron desde las posiciones de enfrente.

Esta franja reúne paradójicamente el relato de tres milenios y de dos luchas diferentes.

¿Qué pensarían los hombres que, en 1938, abrieron estas trincheras, cuando sobrecogidos por la espera que avecina la muerte, vieran que habían elegido un lugar tomado por el olvido?”.

Autor de una decena de poemarios, columnista de prestigiosos rotativos de la prensa regional ¿se acuerda alguien hoy de Rey del Corral? Quiero pensar que sí. En el año 2014, cuando casi hacía 20 que la muerte apagó su voz, medio millar de personas asistieron en Zaragoza a un homenaje que se le tributó en el teatro Principal y en el que mucho tuvo que ver la Fundación de Investigaciones Marxistas-Rey del Corral. Por mi parte, volveré a ocuparme de él, desde una perspectiva caspolina, en un próximo artículo.

Alberto Serrano Dolader

Panorámica desde el cabezo de El Vado o Monleón hacia oriente. De izquierda a derecha: elevaciones de la margen derecha del Guadalope, la vega del río inmediata a Miraflores y la pequeña meseta de la Plana Cabrera.

 

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