Friday, Oct. 19, 2018

100 años de Churrería La Aragonesa: “Los churros gustan a todo el mundo, sin condición de culturas, edades o procedencia”

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14 Feb ’14

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100 años de Churrería La Aragonesa: “Los churros gustan a todo el mundo, sin condición de culturas, edades o procedencia”

100 años 100. Se dice pronto pero son un montón de…churros, porque desde 1914 una familia de caspolinos lleva dedicándose a endulzar la vida de miles de personas tanto en Aragón, como Cataluña y la Comunidad Autónoma valenciana. Hoy, en El Agitador, tenemos el placer de entrevistar a tres generaciones de churreros juntos con motivo del centenario de Churrería La Aragonesa.

Por el principio. Cuéntanos, Josefina. ¿Cómo empezó todo? Tendríamos que remontarnos a una generación por encima de mis abuelos, es decir, mis bisabuelos, Roque y Melchora, que fueron los primeros feriantes. Por cierto que también eran los abuelos de Fernando Aznar.

¿El de los autos de choque? Sí, el mismo. Bueno, pues aunque Melchora ya se dedicaba a la feria con sus padres, fueron Pedro y Pilar, mis abuelos, los que montaron la primera Churrería en 1914. La bautizaron “Churrería Alegría”, que era el segundo apellido de mi abuelo y también el mote por el que lo conocían en Caspe.

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Pedro y Pilar, los primeros churreros

Así que empezaron de cero, sin experiencia en el arte de los churros. Bueno, mi abuela iba con sus padres por los pueblos rifando muñecas de porcelana y cacerolas, por sitios de nuestra comarca y también por pueblos de Teruel como Albalate, Alcorisa, Andorra…Mi abuelo no era feriante pero tenía cierta experiencia en los dulces porque trabajaba de panadero.

¿Cómo fueron aquellos inicios? Huy maño…la primera “sartén” para freír churros la fabricó mi abuelo con un bidón de los del carburo, con tierra roja, ladrillos…no tenía nada que ver con lo de ahora.

Y pronto sus hijos también se metieron en el oficio.Tuvieron ocho hijos, de los cuales sobrevivieron cinco. Cuatro de ellos, María, Carmen, Roque y Vicenta, se dedicaron a los churros con ellos. Lola montó una caseta de tiro.

Y de esa segunda generación de churreros surgieron otras churrerías independientes. Sí. Al principio era todo lo mismo, aunque se repartían en dos grupos y así vendían churros por dos pueblos a la vez. Luego, con los años, mi tía María fundó “La Caspolina” y Roque, “La Caspolina 2”. Mi tía Vicenta otra a la que puso “La Maravilla”.

Dos décadas después llegó la guerra. Imagino que sería difícil continuar con el oficio. (Habla Josefina) Cuando la guerra se complicó la cosa pero el negocio no paró. Donde ahora está la CAI mis abuelos pusieron un bar a la vez que llevaban la churrería que estaba fija en la calle, al lado, en la plaza de la Virgen. Compaginaban los dos negocios.

Durante aquellos primeros años, ¿trabajaban solo vendiendo churros? No, durante una temporada alternaron el trabajo de jornaleros en varios sitios, como en el sulfuro, el “desguaz” [limpieza] de la acequia y lo que salía, con la churrería, que montaban durante las Fiestas de Agosto y Todos los Santos. (Habla Antonio) La abuela Carmen vendía de todo, desde helados en verano hasta castañas, turrón y churros en invierno. De normal, durante esas dos décadas, no salían de casa.

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José el Gallo y su mujer Carmen (la segunda generación) José está pelando patatas para hacer después las patatas de hoja.

¿Y cuándo te incorporas tú ya de pleno al oficio, Josefina? Ya verás. Mi madre, Carmen, se casó con José el Gallo y se dedicaron a esto. Yo ayudaba de cría y también ya casada. Pero mi marido Pepe, que provenía de la huerta de Miraflores, trabajaba en la ENHER. Hasta que unas fiestas de Agosto solicitó unos días de fiesta, no se los dieron, y pidió la cuenta. Así que nos pusimos a trabajar los cuatro, mis padres y nosotros.

Entonces ya os dedicasteis solamente a los churros, de pueblo en pueblo. Sí, hacíamos los pueblos de toda esta comarca, y comarcas de Teruel cercanas a la nuestra, además de  algunos pueblos de Cataluña, como Mora de Ebro, Esparraguera, Olesa, Martorell…hasta que llegó lo de los veranos.

Claro, en verano estáis fijos en la costa. ¿Cuándo comenzasteis a instalar un puesto para todo el verano? Si no me equivoco, en 1965. Pepe, mi marido, hizo el primer verano en Cambrils y de allí se pasó a Salou, hasta 1972.

Para entonces ya habían nacido vuestras hijas, Mari Carmen, la mayor, y Laura, la pequeña. Con un trabajo en el que siempre andáis de aquí para allá, ¿Cómo solucionasteis el tema del colegio de las chicas? (Habla Laura) Normalmente se quedaban los abuelos a cargo de nosotras, aunque de vez en cuando, en temporadas de mucho trabajo, nos quedábamos internas, en Santa Ana o también en Alcañiz. Recuerdo en concreto un año en el que la churrería estuvo montada durante todo el mes de mayo en Lleida, en la feria de muestras, y como había mucho trabajo y los abuelos tenían que echar una mano, pues nos tuvieron que dejar internas.

Y qué me decis sobre los medios de transporte. Porque una parte muy entretenida de vuestro oficio es el tema del montaje y desmontaje. En 100 años la evolución respecto a eso habrá sido enorme. (Habla José Antonio, que a pesar de su juventud se conoce bien el tema porque basó su trabajo de fin de carrera en un magnífico reportaje sobre la feria). Imagínate. Al principio era todo desmontable, maderas y toldos. En los primeros años el transporte de la churrería era con carros, y desde los años 30 y hasta bien entrados los años 60 se alquilaba un transporte para que te llevaran de un pueblo a otro el negocio. De ahí ya se paso a tener vehículos propios que daban libertad para desplazarse y facilitaba la posibilidad de trabajar más.

 Pero no todo ha sido vida itinerante. Recuerdo la churrería fija que teníais en la calle Baja.(Habla Josefina) Sí, al principio era un solar que compramos. Allí se montó la churrería, en  la parcela. Después hicimos la casa, en el 72, y se montó un pequeño local para vender churros y también café y chocolate.  La idea era pasar los inviernos aquí, de fijo.

(Habla Laura) Es que el invierno en la calle es muy duro. La gente no lo sabe, pero nos pasa de todo. Por ejemplo, algo muy habitual es que se te hielen las mangueras y tengas que tirar de garrafas de agua.

Yo todavía me acuerdo de ella, pero muy levemente, porque la tienda no estuvo abierta muchos años, ¿Por qué? (Habla Laura) Pues no tiraba, no había forma. Y mira que lo intentábamos. Un invierno, otro invierno, pero nada. Si en la plaza vendíamos, por decirte algo, 5, en la calle Baja, 1 (estuvo abierta hasta 1979, según las cuentas que sacan)

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Carmen con Mari Carmen y Laura (Segunda y cuarta generación, madre e hijas de Josefina)

¿Esto es algo que solo pasa aquí o es a nivel general? ¿Las churrerías en locales no funcionan? Esto va por sitios. En esta zona no chutan mucho. En Zaragoza, por ejemplo, solo hay dos o tres en locales que funcionen bien como churrerías. La mayoría son al aire libre. Pero en Madrid es muy normal. Incluso en los bares se consumen muchos churros y porras.

Qué país, ni siquiera en los churros nos ponemos de acuerdo…Calla, calla…aquí los vendemos al peso y no pasa nada. Pero hacia Zaragoza, a partir de Gelsa, se venden por docenas. No los pesamos. Y todavía más curioso. En Madrid, es común venderlos por unidades, pero en números impares.

¿Y eso? (Habla José Antonio) Pues no sé, igual es por la cosa de comprarlos justos, tantos por barba, y uno de sobras, para que siempre hay quien quiere repetir.

Y ahora que hablas de geografía, ¿Esto de los churros de donde viene? ¿Es universal? Bueno, dicen que los churros se inventaron aquí en tiempos de al-Andalus. En Europa se conocen desde hace relativamente pocas décadas. Por ejemplo, en Siria, se come algo parecido que se toma con miel…no sé, la cosa es que los churros gustan a todo el mundo, sin condición de culturas, edades o procedencia.

Volvamos a vosotros. Mari Carmen se casa con Valero, de Maella, ajeno al mundo de la feria. Pero pronto os metéis los dos en el negocio. (Habla Mari Carmen, que acaba de llegar) Sí, nos conocimos en las Ferias de Maella y nos casamos en 1979. Valero estuvo trabajando en Adidas un año y yo también allí, en las oficinas, durante tres años. Pero nos marchamos y nos dedicamos a la churrería para ganarnos la vida.

Y Laura, por tu parte, te casaste con Antonio que sí era del gremio [según me cuentan, su familia ya venía a Caspe antes de la guerra con un tiovivo] ¿También os conocisteis en la Feria? Pues sí, Antonio y yo nos conocimos en las ferias de Andorra. Su familia, llevaba una caseta de tiro y…nos casamos en 1982.

Ahora hacéis una ruta amplia, ¿Más o menos que antes? Bueno, recorremos un montón de pueblos. Empezamos para San Antón en Sástago, seguimos con Escatrón para Santa Águeda, Carnavales y Semana Santa en Alcañiz…y durante todo el año un montón de sitios.

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La primera churrería motorizada de la familia. De izquierda a derecha (detrás del mostrador): Pepe, Josefina y su hija mayor Mari Carmen. Este camión todavía se instala en la plaza de España durante el invierno.

¿Cómo cuántos? ¡Buf!, son muchos pueblos. Te digo unos cuantos: Gelsa, Pina, Fuentes, Ricla, Morés, Alpartir, Andorra, Fraga, Nonaspe, Zaragoza, Teruel…

Y luego estáis durante el verano en Oropesa. Sí, este año hacemos 40 años allí. La churrería la tenemos ahora en un local.

¿Allí sí funciona el local? Sí, allí sí, aunque hasta hace 12 años estábamos en una parcela. Pero cuando el boom inmobiliario nos tuvimos que marchar del sitio de siempre porque iban a construir y no había forma de encontrar una parcela céntrica. Así que cogimos un local y dejamos de montar el segundo puesto que teníamos en Oropesa.

¿Dos puestos de churros? Piensa que la familia había crecido, estábamos más gente y había que ampliar. Por eso durante unos años abríamos dos churrerías, una en cada playa, Morro de Gos y La Concha.

Claro, ahora ya estáis un equipo importante. De fijo, los dos matrimonios, Valero y Mari Carmen, Antonio y Laura, y Álvaro, [el hijo pequeño de Antonio y Laura]. Pero luego, para los fines de semana, también ayudan José Antonio, Diego e incluso Laura…y Josefina, a pesar de tener setenta y seis años. ¿Un churrero no se jubila nunca? (Risas, habla Laura) Bueno, mi madre no trabaja pero se quita el gusanillo de la feria sentándose en la taquilla de las colchonetas para estar con nosotros y no perder la relación con la feria.

Eso es, además de la churrería, lleváis otras cosas. Sí, las colchonetas y los hinchables.

¿Qué sois?, ¿Churreros?, ¿Feriantes?  ¿Las dos cosas? (Habla Josefina) Mi marido siempre decía, “No soy feriante, soy churrero”.

(Habla José Antonio) Sin embargo, mi padre suele decir que es feriante y aprendiz de churrero. En definitiva, podríamos decir que somos las dos cosas a la vez, es difícil separarlo.

Y, en el día a día, ¿Cuánto han cambiado las cosas? ¿Qué es mejor y qué es peor que hace décadas? (Habla José Antonio) La ventaja ahora son los vehículos, desde luego. Ahora podemos hacer un montón más de sitios por los vehículos. Aunque no es llegar y ponerte a vender churros, pues hay que prepararlo todo, se ha avanzado mucho. En la década de los 60 tuvimos nuestra primera churrería instalada en un vehículo y todavía está funcionando. Fue uno de los primeros de España.

Y en cuanto a lo que es la venta en sí, ahora se venden menos churros, imagino.(Habla Valero) Sí, pero no creas que por la crisis. Antes no había “Paytis”, y cosas así, estaban los típicos bollos que se hacían en todos los pueblos y poco más. Ahora te venden churros hasta congelados y en lo que son los dulces en general hay mucha más competencia.

Pero hombre, los churros congelados no tienen nada que ver con los vuestros [confieso que soy un ultra de los churros de chocolate de La Aragonesa]. No, eso es verdad, lo nuestro es todo artesano.

En cuanto a la competencia directa, ahora habrá menos churrerías que antes, ¿no? (Habla Laura) Pues se cerraron muchas churrerías décadas atrás, pero ahora se están volviendo a montar churrerías, puestos de patatas y cosas así, muchas veces pequeñas casetas, y no siempre legales. Con esto de la crisis, hay gente se ha liado a montarse negocios de “fin de semana” para sacar un sobresueldo.

Y, ¿cómo os ve la gente? Me refiero a que aquí os conoce todo el mundo, pero quizá en otros sitios os incluyan en el saco de los feriantes y me temo que esa palabra suele ser muchas veces peyorativa. (Hablan Laura y Mari Carmen) Sí que es verdad que a los feriantes en muchos sitios se les tiene un poco de recelo, pero son gente normal, aunque como en todos los trabajos, hay de todo.

¿Os ha sucedido alguna vez algo por esa cierta desconfianza? Sí, una vez en un pueblo muy pequeñín, de esos de los que tienes que entrar y salir por la misma carretera, antes de haber montado la churrería ya teníamos a la Guardia Civil encima. Pero bueno, es solo una anécdota, porque en general a nosotros nos tratan muy bien en todos los sitios.

¿También los ayuntamientos? Sí, muy bien, no tenemos ninguna queja. A nosotros suelen tratarnos muy bien cuando vamos solos, nos buscan buenos sitios para poner el puesto, aunque no puede decirse lo mismo cuando vamos con el resto de feriantes.

¿Por qué? Pues porque cada vez se ponen más trabas a las ferias.  Las ciudades crecen y nos van mandando cada vez más a las afueras, y no hay trabajo si no estamos en un buen sitio.

Por cierto, hablando de políticos. Me ha dicho un pajarito que alguien muy gordo fue cliente vuestro. (Habla Laura) Pues hombre, no lo podemos jurar, pero el caso es que uno de los guardaespaldas de José María Aznar venía de fijo a comprar churros cuando éste era presidente y pasaba el verano en Oropesa. Lo que sí podemos decirte es que anteriormente a eso pasaba alguna tarde con nuestro padre José Antonio Labordeta. Allí también tuvimos de clientes al actor José Luis López Vázquez o al humorista Marianico el Corto.

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Toda la familia de Churrería La Aragonesa. De izquierda a derecha: Laura, Valero, Laura Sancho, Jose Antonio, Josefina, Diego, Mari Carmen, Álvaro y Antonio

Hablemos ahora de los actos de este fin de Semana. Allí estaréis con una fiesta por todo lo alto. Contadme un poco. Pues el sábado, entre las 11 y las 12, hacemos una degustación de chocolate con churros. Hemos repartido tickets de degustación, pero también se podrá comprar un vasito de chocolate con un par de churros a un precio muy popular, 1 €. Luego, de 11 a 1 y de 5 a 18:30 hinchables. A 1 € también. Los beneficios irán para la asociación contra el cáncer. Que no se me olvide: nuestro agradecimiento al Kebab Caspe de la plaza y al Mi Caffe por su colaboración.

Por la noche verbena en la plaza con el trío Royal, a partir de las 23 horas, y en el descanso un toro de fuego.

 Bueno, una fiesta en condiciones, no habéis escatimado.(Contesta Laura pero todos asienten) ¡Es que 100 años no se cumplen todos los días!

Amadeo Barceló

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