Sunday, Dec. 17, 2017

Caspe desconocido y oculto: hallado un emblema de la FARE en el Vado

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25 Sep ’17

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Caspe desconocido y oculto: hallado un emblema de la FARE en el Vado

Este grabado es quizás el último vestigio material que hay del paso por Caspe de las Fuerzas Aéreas de la República Española (FARE). Sorprende que haya sobrevivido al paso del tiempo y a la depuración iconoclasta de los símbolos republicanos por la dictadura franquista. El hecho de encontrarse en una finca particular, a salvo de miradas indiscretas, ha podido sin duda favorecer su conservación.

El motivo o la finalidad por la que fue realizado en un edificio rural de la partida de El Vado, alejada de los aeródromos caspolinos desde los que operaron las escuadrillas de caza republicanas, es un misterio. De momento solo cabe hacer conjeturas a la espera de algún documento inédito que ayude a despejar incógnitas.

A pesar del buen trazo y correcta composición del dibujo, es un trabajo tosco resultado –suponemos– de una iniciativa personal, no institucional. Es decir, un gaffiti con el que alguien quiso dejar constancia ya fuera de su presencia o del paso de su unidad por ese lugar, accidental o no, pero en cualquier caso no muy prolongada en el tiempo.

Torre en el paraje de El Vado (Caspe) donde se encuentra el grabado con el emblema de la FARE

El grabado reproduce el emblema general de la aviación republicana durante la Guerra Civil. Está formado por unas alas desplegadas a ambos lados de un círculo, rematado por una estrella de cinco puntas. Particularmente interesante es la inclusión del número 4 dentro del círculo y debajo las iniciales CA. Esta simbología no concuerda con ninguno de los diseños oficiales del emblema general de la aviación republicana ni de sus 20 especialidades (caza, bombardeo, observador, guerra química, mecánico, etc.) ¿Cuál es su significado?

Quizás la interpretación más lógica es vincularlo con una de las unidades que tuvieron su base en Caspe entre agosto de 1937 y marzo de 1938. En ese periodo utilizaron el aeródromo de Valdeforcas (Plana Pedregosa) varias escuadrillas de los Grupos de Caza 21 y 26. El primero estaba dotado con cazas de procedencia soviética Polikarpov I-16 (apodado ‘Mosca’), y el segundo con cazas Polikarpov I-15 (‘Chato’).

Los códigos de identificación de los aparatos de caza republicanos estaban formados por dos letras y un número. En los ‘Chatos’ fueron inicialmente CC (Caza Chato), pero a partir de agosto de 1937 se incorporaron los aviones de ese modelo fabricados en España a los que se asignó un nuevo código: CA[1]. Todo hace pensar que el emblema haga referencia a la 4ª Escuadrilla de Chatos, cuyos aparatos recalaron en Caspe en varias ocasiones.

Con respecto al lugar donde se encuentra el grabado, cabe anotar que fuera de las horas en las que mandos, pilotos, mecánicos y personal auxiliar permanecían en el aeródromo (desde el alba hasta la puesta de sol), descansaban en el propio municipio o en edificios diseminadas por el término municipal. Así, por ejemplo, aviadores y asesores soviéticos residieron circunstancialmente en la Torre de los Frailes, en la partida de La Herradura. Es por ello perfectamente posible que personal adscrito a esa unidad, la 4ª Escuadrilla de Chatos, estuviera de paso o se alojase algún tiempo en esa torre de El Vado.

BREVE HISTORIA DEL EMBLEMA DEL ARMA DE AVIACIÓN

La creación de la aviación militar española como arma independiente data oficialmente de 1913. Su germen fue el Servicio Militar de Aerostación que, como parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, se había formado en 1896 en Guadalajara. El nuevo Servicio de Aeronáutica Militar se estructuró inicialmente en dos ramas: aerostación y aviación. Es curiosa y premonitoria, con la perspectiva actual, la exposición de motivos del decreto[2] que instituye la aviación militar en nuestro país cuando afirma que “es indudable que el aeroplano, aun cuando ha de sufrir modificaciones que atenúen sus defectos, ya que por la naturaleza del medio en que se mueve, quizá no sea nunca posible dotarle de estabilidad absoluta, constituye un elemento importante para el servicio de exploración, y podrá, con el tiempo, ser susceptible de otras aplicaciones que ya se inician, pero que no resultan todavía prácticas.”

La nueva arma aérea necesitaba una insignia diferente al castillete de Ingenieros que hasta entonces había usado como parte de este cuerpo, y que la distinguiese del Ejército y la Armada. La idea surgió durante una tertulia en el domicilio del infante Alfonso de Orleans y Borbón, primo del rey Alfonso XIII, oficial y piloto de esta nueva unidad, a la que asistieron los también oficiales y pilotos Alfredo Kindelán y Emilio Herrera (a quienes la historia enfrentaría durante la Guerra Civil[3]), y el coronel Pedro Vives, que años antes había dirigido el Servicio Militar de Aerostación.

Al parecer fue la esposa del infante de Orleans, Beatriz de Sajonia, quien propuso como emblema una de las figuras decorativas de la biblioteca del palacete que la familia tenía en Sanlúcar de Barrameda. El artesonado estaba adornado con motivos egipcios[4], uno de cuales eran unas alas desplegadas a ambos lados de un círculo rojo. A este símbolo se le agregó una corona real y de este modo se diseñó el distintivo de la aviación militar española que tomarían como modelo otros muchos.

                                                                             Primer modelo del emblema republicano de la Aviación Militar (1931-1936)

                                                                           Segundo modelo del emblema republicano de la Aviación Militar (1936-1939)

En 1931, con la proclamación de la Segunda República, la corona real fue sustituida por otra mural, pero transcurridos tres meses se suprimió y el emblema retornó al motivo original egipcio que lo había inspirado. Durante la Guerra Civil ambos bandos lo modificaron. Los republicanos añadieron una estrella roja de cinco puntas[5] y en marzo de 1937 crearon los diversos emblemas de especialidades[6]. Los sublevados optaron por rematar el símbolo con una corona ducal y añadieron el águila de San Juan, negro sobre rojo, en el interior del disco central[7].

Al finalizar la guerra se encargó la fabricación del emblema nacionalista a un platero madrileño de ascendencia polaca llamado José Luis Rokiski. Este empresario firmaba el reverso de las insignias con su apellido y de ahí que el emblema de aviación sea conocido popularmente como “rokiski”. Con el retorno a la democracia, el emblema recuperó su primer diseño incluida la corona real.

José Manuel Guiu

Nuestro agradecimiento a los propietarios de la torre, Esme y Will.

[1] Los aparatos numerados del CA-001 al CA-003 se entregaron por el Servicio de Aviación y Fabricación de Reus (SAF-3) a finales de agosto de 1937.

[2] Real Decreto de 28 de febrero de 1913 [Diario Oficial del Ministerio de la Guerra núm. 48, de 1 de marzo de 1913]. No obstante, los primeros vuelos militares tuvieron lugar casi dos años antes, el 7 de marzo de 1911, en Carabanchel Alto (Madrid), en lo que con el tiempo se convirtió en el aeródromo militar de Cuatro Vientos.

[3] Emilio Herrera Linares (Granada, 1879-Ginebra, 1967), que además de aviador destacó como ingeniero militar y científico, fue director técnico de la fuerza aérea republicana y alcanzó el grado de general. Aunque de ideas conservadoras, se mantuvo fiel al gobierno republicano y murió en el exilio. Alfredo Kindelán Duany (Santiago de Cuba, 1879-Madrid, 1962), primer jefe de la rama de Aviación del Servicio de Aeronáutica Militar en 1913, fue el máximo responsable de la aviación franquista durante la guerra.

[4] La decoración basada en la cultura y ciencia egipcias estuvo de moda durante parte del siglo XIX tras las campañas de Napoleón en Egipto.

[5] Orden Circular de 5 de noviembre de 1936. [Diario Oficial del Ministerio de Marina y Aire núm. 223, de 7 de noviembre de 1936].

[6] Orden Circular de 4 de marzo de 1937. [Diario Oficial del Ministerio de la Guerra núm. 55, de 4 de marzo de 1937].

[7] Orden de 27 de marzo de 1938. [Boletín Oficial del Estado núm. 552, de 27 de marzo de 1938.

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