El Agitador

Contra el tripartito vivíamos mejor

Decíamos ayer que queríamos ser decisivos. En realidad lo dijimos hace un año, en el artículo con el que iniciábamos nuestra cuarta temporada agitadora. Hoy empezamos la quinta sabiendo que hemos cumplido. Poco nos imaginábamos en el momento de lanzar aquel brindis la cantidad de cosas que iban a pasar en el largo curso que empezaba y, aunque muchos teníamos claro por donde iban a ir los tiros, mentiría si dijera que nada nos ha sorprendido. Han ocurrido cosas que no esperábamos. Algunas muy feas. Uno mira hacia atrás y flipa. En tan solo un año, todo se desordena, todo se altera, todo se reubica. Nosotros queríamos que cambiasen las cosas y decidimos trabajar duramente para conseguirlo. Teníamos claro que había que reemplazar la realidad pero creo que no teníamos demasiado claro con que otra realidad reemplazarla. Sabíamos que el tripartito era un desastre y que las inminentes elecciones municipales significaban la gran ocasión de enviarlo al limbo del que nunca debió haber salido. Sabíamos lo que no queríamos y también sabíamos cómo propiciar su final. Me temo que estábamos tan concentrados en aquella tarea que no dedicamos mucho tiempo a pensar en lo que había de venir luego.

Aquella noche, la del 24 de mayo, mientras se conocían los resultados electorales muchos de los agitadores alternábamos la alegría con el estupor. Habíamos acertado en nuestros pronósticos. Resultaba gratificante comprobar que los caspolinos habían demostrado ser menos tontos de lo que los estrategas del tripartito presumían. El pan y el circo no siempre funcionan y de nada sirve matarse a pavimentar calles y exterminar a las malas fuentes si descuidas todo lo demás. Pero tampoco esperábamos aquello. A pesar de aquel triunfo del sentido común, con el que tan fuertemente nos habíamos comprometido, los mensajes que recibía de muchos de mis compañeros eran casi de abatimiento y zozobra. Ninguno de nosotros esperaba aquella demoledora mayoría absoluta. Ninguno de nosotros la deseaba.

Hoy, mientras escribo esto, no sé todavía si los miedos de mis compañeros estaban justificados o no. Ni siquiera me he molestado en contar los días que han pasado desde que la nueva corporación tomó posesión. ¿Serán ya cien? Una cierta paz invade Caspe y eso, visto lo visto en las dos últimas décadas, ya es mucho. Algunos de los más rotundos y agotadores protagonistas de la vida política local han desaparecido, esperemos que para siempre, otros callan prudentemente intentando asimilar la situación y algún otro sigue diciendo las mismas viejas tonterías aunque ahora desde la oposición. Los viejos aliados mediáticos del tripartito han optado por achantar o por especializarse en el seguimiento de los avances policiales en su lucha, siempre heroica, contra el narcotráfico y hasta los señores sesentones con hijos mozos que acostumbraban a insultarnos en sus ponzoñosos y anónimos foros travestidos de lagarteranas han podido dedicar el verano a menesteres más propios de su edad y condición. Todo en orden, parece. Sí, pero ¿y qué hay del equipo de Gobierno? ¿Sabrá administrar adecuadamente la inmensa fuerza que los caspolinos han puesto en sus manos? ¿Servirá la mayoría absoluta para propiciar los tan esperados cambios en la sociedad caspolina o actuará como un opiáceo en el sistema nervioso de la agrupación socialista local prolongando el largo sueño en que lleva años y años enfrascado? ¿Serán la juventud y la falta de experiencia en política y en gestión de recursos públicos de muchos de sus concejales un acicate beneficioso por lo que tiene de renovación y cambio o se cumplirán los designios de los más agoreros que solo ven en ello bisoñez, improvisación y falta de carisma? ¿Asumirá el nuevo alcalde el obligado papel de líder local implicado en la acción política con todas las consecuencias, buenas y malas, que ello conlleva o seguirá cultivando esa imagen, yo creo que artificiosa, de “yo-solo-pasaba-por-aquí-y-sin-comerlo-ni-beberlo-me-he-visto-metido-en-este-lio-pero-en-realidad-no-me-interesa-la-politica”? Nadie cuestiona las virtudes cívicas y personales de los miembros del gobierno local pero aún está por ver que más allá de las mismas se manifiesten aptitudes para la gobernanza y el liderazgo que brillaron por su ausencia mientras gobernó el tripartito. Dejar que sean los acontecimientos los que marquen la estrategia a seguir no es la mejor manera de gobernar una ciudad tan compleja como Caspe. Esperamos actos, gestos y, sobre todo, ideas.

Habrá que dejar pasar el tiempo y confiar en que la respuesta a tantas preguntas sea satisfactoria para todos. Estamos ante una excelente oportunidad de normalizar la vida política caspolina y sería una pena desperdiciarla por falta de coraje o implicación. Nosotros no podemos responderlas. Lo que sí podemos es seguir siendo decisivos, o al menos intentarlo. Quedan cuatro años para las próximas elecciones municipales y es demasiado tiempo para dejar que la vida pública local se siga dirimiendo en tediosos plenos plagados de malas pulgas o en delirantes blogs conspiranoicos en los que cualquiera puede insultar y difamar amparado en un cobarde anonimato. Nosotros llevamos cuatro años trabajando mucho, creando contenidos originales (casi 1.500 ya), poniendo la firma al pie de cada uno de ellos y vamos a seguir haciendo lo mismo. Pero ahora aspiramos a más. Queremos seguir analizando lo que nos pasa pero también queremos aportar ideas que ayuden a mejorarlo; queremos convertir la crítica en propuesta; queremos que la gente utilice este exitoso canal para compartir puntos de vista e iniciativas. Los políticos son políticos y la sociedad civil es sociedad civil. Nosotros pertenecemos a esta última y nuestra obligación es poner en conocimiento de los políticos lo que nos preocupa. Si seguimos dejando todo en sus manos, no podremos quejarnos. Y todo ello lo haremos como siempre: con mucho trabajo, sin comentarios anónimos, sin insultos, dando la cara.

A partir de hoy, volvemos a estar con todos vosotros. Pero no solo vamos a estar presentes a través de El Agitador. De hecho, vamos a ralentizar el ritmo, a depurar contenidos, para poder sacar adelante otras propuestas que hace tiempo vienen rondándonos la cabeza. En breve las conoceréis. Nuestro modesto sello editorial, Los Libros del Agitador, crece saludablemente y su segundo lanzamiento, el magnífico  “Viva el Maquis” de nuestro compañero Amadeo Barceló, está a punto de agotar la edición. En breve habrá otros libros. Pagados con fondos propios, como siempre. Por no hablar todavía de un proyecto importante que hace tiempo acariciamos y en el que vais a tener que ayudarnos todos. Cuatro años después estamos contentos y satisfechos. Hemos conseguido más de lo que nos proponíamos y nos apetece seguir formando parte de vuestras vidas. Después de una tonificantes y merecidas vacaciones, El Agitador vuelve supervitaminado y mineralizado. Arrancamos. Ya.

Jesús Cirac

El Agitador

 

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