José Luis Pascual: Siempre me ha gustado disfrutar con la gente en el lugar en el que he trabajado

Pocos son los caspolinos que no conocen a José Luis. Durante los últimos años ha regentado el bar Cerrao de Bosque, un local en la Avenida Joaquín Costa que ahora ha cambiado de manos. José Luis ha decidido que ya es hora de descansar, de salir de detrás de la barra para disfrutar. Lo cierto es que una buena parte de su vida ha pasado ahí y sus manos han servido un número incalculable de consumiciones a los clientes que, desde 1980, se han acercado a cualquiera de los establecimientos que ha abierto en la Ciudad del Compromiso. Queremos repasar su trayectoria, su historia y su visión del presente y el futuro de los bares en Caspe. Es la hora de la sobremesa y el bar, en este momento, está bastante tranquilo…

Vamos a empezar por el principio. ¿Como acaba un alcañizano estableciéndose en Caspe?

Bueno, mejor que acabar se podría decir que empiezo en Caspe en el año 1978. Bajo para unas fiestas y me gusta el ambiente. Se puede decir que me gusta la gente y me gusta Caspe. En esos días, además, conozco a una chica y empezamos a tontear. Su familia tenía un bar en la Calle Mayor, el Bar Estrella, y cuando a su padre se le acabó el contrato me propusieron que lo cogiera yo. Empezamos el 1 de Enero de 1980, en el local en el que hoy está el bar MiCaffé. Luego, en 1982, lo tiramos todo, lo reformamos y pasó a llamarse Bar Arlequín.

¿Y cuanto tiempo estuvisteis en El Arlequín?

Bueno, esto fue más complicado. A la vez que teníamos El Arlequín de la Calle Mayor, en el año 1983 cogimos el que entonces era el Bar La Esquina, en la Plaza de España, y lo transformamos en Arlequín también. Después, ya en 1985, traspasamos el bar de la calle Mayor e hicimos otro Arlequín en la calle Baja, en la zona de enfrente del Casino.

En ese año, estando en El Arlequín de la Plaza España y en el de la calle Baja, me ofrecieron además la explotación del hogar del Jubilado. A mí me conocían y me dijeron que era el más indicado para estar allí. Fue la temporada en la que yo me separé, y en ese momento acordamos con la familia lo que más nos interesaba a cada uno. En ese momento, yo no quería estar en más bares de copas y me interesaba únicamente estar en el Hogar del Jubilado. Así que traspasamos los dos “Arlequines”.

Aunque tengo entendido que no te quedaste ahí y estuviste, de nuevo, en varios sitios a la vez.

Sí. Estando en el Hogar del Jubilado, me ofrecieron llevar además la explotación de un bar en La Glorieta, en el mismo sitio en el que está ahora, y también un bar en la Piscina. Todo era municipal. En la Glorieta llegué a estar 5 o 6 años. No fue fácil porque el ambiente allí en aquellos años no era muy bueno. Pero en un par de años hicimos de la Glorieta un sitio muy agradable, con niños por la tarde y todas las peñas de jóvenes por la noche. La verdad es que siempre me he sentido muy arropado y querido en todos los negocios que he abierto.

Por lo que veo, trabajo no te faltaba…

Y por si fuera poco, me cogía las vacaciones del Hogar del Jubilado para las fiestas del Pilar y en esos días, me subía a Zaragoza y me montaba con un amiguete de allí dos garitos con Interpeñas. Esas eran mis vacaciones…

Estuvimos subiendo cuatro o cinco años hasta que la cosa se puso ya muy fea, con muchos intereses económicos de por medio y decidimos que esa ya no era nuestra guerra. Continué con el Hogar del Jubilado hasta que abrí el Cerrao de Bosque, el día 27/10/1997.

¿Y cómo fue el paso del Hogar del Jubilado a este nuevo bar?

Bueno, dejé el Jubilado en el momento en el que vi que, con el funcionamiento de la cafetería del Instituto, no me compensaba estar allí. Era un momento en el que mi hijo era todavía pequeño y necesitaba algo más. Así que, con un socio, decidimos abrir esto. Y aquí estamos.

¿Por qué se llamó Cerrao de Bosque? ¿Cuál es su significado?

Se llamó así porque los terrenos en los que está el bar eran una propiedad privada de la famosa familia de los Bosque. La propia familia le daba el nombre de “cerrao” al recinto vallado que ocupaba casi todo lo que hoy es el barrio de El Plano. Dentro del vallado guardaban leña, herramientas, etc…

(Jose Luis me enseña, en este momento, el mapa de Caspe en 1850 que hay enmarcado en una de las paredes del bar. En él se aprecia perfectamente la delimitación de las delimitaciones de las parcelas)

Tengo entendido que el bar lo bendijo un cura el día de la inauguración…

Sí. (sonríe) Éramos muy amigos y ese día no podía faltar…

¿Fuiste consciente de lo que significaba abrir un bar de estas características en una zona tan alejada del centro de la población y de lo que se suponía que era el núcleo de bares de Caspe?

Sí, nosotros tuvimos muy claro eso desde el principio. Sabíamos que esta zona del pueblo era el futuro y a la vista está. Había un par de locales en la zona, Los Labradores y lo que era Los Rosales, pero nosotros queríamos lanzarnos para atraer a gente joven que diera movimiento al barrio. Y lo cierto es que ha funcionado. Solo tienes que ver en lo que se ha convertido ahora la zona de la carretera, con La Bodeguita, La Bolera, El Quijote, El Surtidor…

En ese sentido de intentar atraer a gente joven, lo que habéis hecho es organizar cosas con las que la gente se divirtiera, sobre todo últimamente, como monólogos, torneos de cartas, de juegos de mesa…

Sí, siempre nos ha gustado. Aunque también tengo que decirte que ha sido por la gente que he tenido alrededor. Siempre llega el momento en el que te cansas, en el que lo que quiero es terminar de trabajar e ir al campo para olvidarme de cualquier preocupación. Y ahora con los nietos más todavía. Pero, últimamente, entre Charo, Sara, Néstor, siempre me han propuesto cosas, y además ellos se han preocupado de promocionarlo.

Y la verdad es que mí siempre me ha gustado disfrutar con la gente, disfrutar de las cosas que pasan el lugar en el que trabajo, y creo que la gente valora que hagas las cosas así.

¿Cómo ves el presente de la hostelería, de los bares, en Caspe?

Pues lo veo complicado. Pero ocurre como en todos los sectores, dentro de la complicación hay gente que trabaja y gente que no trabaja. Lo que está claro es que el que lo hace bien, es porque trabaja, a pesar de los pesares, de trabas, de impuestos…

Hay que tener en cuenta que la cantidad de gastos que conlleva abrir un negocio es impresionante, y mucho más ahora. Antes abrir un bar era mucho más fácil, porque prácticamente sólo tenías que pagar el alquiler, la luz que consumías y el impuesto de Sociedad General de Autores…  Ahora tienes que trabajar mucho para poder sacarlo adelante sacrificando las vacaciones o lo que haga falta. Pero lo que a mí me ha demostrado la experiencia es que si trabajas, sales.

Con tantos años detrás de la barra, seguro que tienes mil anécdotas para contar…

Uff, no sé… Podría contarte, por ejemplo, que un año invertí 600.000 pesetas en participaciones de un número, el 59123, para la lotería de Navidad, para vender en el bar. El caso es que, por un error informático, el número que comenzamos a vender fue el 59213. Vendimos sin darnos cuenta a gente de Caspe, de Alcañiz, pero también de Barcelona, del País Vasco… Fue un movida que tuve que solucionar llamando personalmente a todos mis conocidos para intentar recuperar todas las participaciones. Al final recuperamos todos los boletos, pero desde entonces no quiero saber nada de loterías…

Otra anécdota tiene que ver con la poca afición que tengo por las nuevas tecnologías. Un día vino un cliente y me preguntó si tenía Wi-Fi. Yo le respondí que de ginebras solo tenía las que estaban encima de la estantería.

Detrás de la barra se ven y se escuchan muchas cosas. Cosas raras en las que te involucras porque estás ahí. Este negocio es, además, una tarea de mucha psicología. A la gente tienes que controlarla con las miradas, con los gestos. Por la mañana te puede venir una persona normal a tomarse un cortado tranquilamente, por la tarde a tomarse unas cervezas con sus amigos, y a las tres de la mañana con un pelotazo tremendo y una transformación total. Hay que saber manejar la situación, porque es un cliente al que hay que tratar bien pero tiene que haber unos límites que no se pueden cruzar.

¿También tú has notado en estos últimos años esa influencia de las modas que han convertido a todo el mundo en expertos catadores? ¿La gente pide cosas nuevas, mezclas diferentes o extrañas a quien tiene que ponerle una copa?

Si, como en todo, las modas también llegan a los bares.  Pero nosotros estamos para servir a nuestros clientes, y darles lo que nos piden, así que tampoco hay más problema.

¿Has notado la crisis desde su comienzo?

Pues sí, la crisis ha llegado a casi todos los sectores. Pero yo soy positivo, y pienso que con esfuerzo y trabajando saldremos adelante.

¿Y qué va a ser de José Luis ahora, después de haber dejado El Cerrao y con ello tantos años detrás de la barra?

Pues todavía no puedo jubilarme. Tengo 59 años y lo que haré será seguir haciendo el pago de autónomo sin actividad para dedicarme a la familia, a mis nietos, y al campo con las gallinas, los perros… A vivir, en definitiva. A no tener reloj. Hace poco me regalaron un reloj y dije “vaya… justo ahora me llega este regalo… aunque gracias, claro”. He vivido siempre con horarios y lo que me gustaría ahora es vivir sin tantas preocupaciones.

Terminamos con la clásica pregunta de El Agitador. Recomiéndanos una película, un libro y un disco.

Bueno… en música me gusta un poco de todo, pero en especial el pop nacional, y Fito y Fitipaldis en particular. En literatura, no he leído mucho pero me marcó mucho “Los Santos Inocentes”, de Delibes. Y en cine, me quedo con La vida es bella.

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David Bonastre 

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