Tuesday, Jul. 7, 2020

«En la huerta pasan muchas cosas. Javier Mañez».

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1 Ene ’12

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 Javier Mañez tiene 48 años y es agricultor. Desde hace 17, dos días por semana, suministra a los caspolinos tomates, lechugas y todo tipo de frutas y hortalizas en su puesto de la Plaza de España. Convencido de que la mejor manera de afrontar el futuro es desarrollar el legado recibido de los mayores, Javier ha apostado en serio por la agricultura biológica, de cuyas virtudes es casi un apóstol.

 Naciste y te criaste en la huerta de Miraflores.

Tuve una infancia muy feliz. Éramos como una gran familia. Todos nos conocíamos.

¿Te condicionó haber nacido en un barrio rural?

Hasta que con 14 o 15 años empecé a frecuentar el pueblo, no tuve idea de vivir nada especial. Luego sí. Casi no sabía ni meter las monedas en las máquinas recreativas. Miraflores está solo a12 kilómetrospero te parecía que Caspe era como Nueva York. De alguna forma teníamos, por lo menos yo, complejo. Éramos como el último escalón. Pero también tenías orgullo. ¿Por qué tenía que renunciar a lo que era? Me acuerdo que en verano venían familias a pasar sus vacaciones en la huerta. Los veías con sus coches y pensabas que eran algo así como los reyes. Luego con los años te enterabas de que en Barcelona vivían en un sitio triste, en un entresuelo sin casi ventilación. Vivíamos mucho mejor nosotros.

¿Cómo viviste la llegada a la huerta de gente venida de la ciudad para quedarse, para ocupar un lugar que muchos preferían abandonar por una vida más cómoda en Caspe o en la capital?

Al principio los más mayores pensaban que se iban a morir de hambre. Hubo cierto rechazo. Quieto ahí, que estos son raros. Pero duró muy poco. Eran personas que venían a aprender, a poner en valor nuestras cosas. Veía a mi madre que les invitaba a un pastel o unas tortas que había preparado y ellos valoraban ese gesto, apreciaban su trabajo. Enseguida se integraron en nuestra vida y la familia se hizo mucho más grande. Ellos aprendieron cosas de nosotros y nosotros también de ellos. Además su llegada ayudó a que cambiaran algunas cosas…

¿Te refieres a AVEZAMI?

Por ejemplo. No podía ser que viviéramos sin lo mínimo. Los tiempos habían cambiado y se creó la necesidad de reivindicar las mejoras. Si no luchas por lo que quieres, mal se consiguen las cosas. Las ideas de los de fuera ayudaron mucho. Eran gente asamblearia, asociativa, veías que tenían experiencia. A mí aquello por entonces me sonaba a chino pero era muy lógico. No pedíamos nada especial. Al final, entre todos, conseguimos bastante.

Fue un logro político.

Nosotros no hacíamos política. Éramos gente que pedía cosas normales, no políticos. El mérito fue de la gente, no de los políticos.

¿Dedicarte a la agricultura fue una elección personal o, simplemente te dejaste llevar por lo que había?

Mi padre tenía tierras y trabajaba también las tierras de otros. Cuando acabé la EGB ya tenía mucha experiencia en el campo. Iba a la escuela de Miraflores. Éramos trece o catorce chavales en clase. A veces pasábamos temporadas sin maestro. Al principio fue continuar con lo que venía haciendo sin pensar demasiado. Trabajé medio año en una fábrica de conservas y dos meses en las obras de canalización de riegos. Vi enseguida que aquello no era lo mío. Con 19 años ya tenía claro que quería vivir del campo.

¿Recibiste algún tipo de formación para ello?

Mezclarme con los demás chavales del pueblo me ayudó a integrarme con la gente, a soltarme. Con unos amigos cogimos la gestión del Plantel Juvenil de Extensión Agraria…

…En un piso de los Arcos del Toril.

Exacto. Además de la gestión del bar y aquella especie de discoteca que teníamos montada allí hice algunos cursillos de capacitación agraria y sobre todo aprendí a asumir responsabilidades. Después, a lo largo de mi vida he hecho muchos otros cursillos o he leído libros pero siempre de los temas que me interesaban. Yo creo que no hay mejor formación que tener ganas de saber.

¿Cómo te decantas por la producción de hortalizas?

Hubo un momento en el que tomé la decisión de no cultivar otras tierras que las mías. Pensaba que el secano en ese momento estaba jodido y decidí apostar por el regadío. En aquella época era también el boom de la fruticultura y eso animaba. Tenía que cambiar los sistemas para sacar lo mismo con menos.

¿A qué sistemas te refieres?

Decido montar invernaderos, concentrar el trabajo en un punto. Me lanzo a producir hortalizas, borraja, tomate, judía, con la idea de vender a terceros pero la idea no funciona. Joaquín Serrano es un hortelano de toda la vida que me ayudó mucho. Fui con él varias veces a vender a Mercazaragoza pero no me gustó la experiencia. Había que viajar un montón de kilómetros de noche. Me parecía un poco siniestro. Demasiado esfuerzo para tan poca rentabilidad.

¿Y qué hiciste para conseguir que las cosas funcionasen?

Pues fue casi por casualidad. Un amigo y yo nos habíamos empeñado en poner una parcela de tomates. Pero nadie quiso comprarlos. En la plaza había un par de señoras que vendían fruta y verdura de toda la vida. Iban con un carretillo de mano, me acuerdo. El tema de la venta directa, en la calle, era algo que siempre se había dado en Caspe y en aquel momento parecía a punto de desaparecer. Así que, para vender aquellos tomates, decidí hacer lo que hacían otros. Qué vergüenza, vender en la plaza, me acuerdo que pensaba. Pero la cosa fue bien y me di cuenta de que aquella era una buena forma de dar salida a lo que producía.

Y desde entonces hasta ahora…

Sí. Vi que la cosa funcionaba, que la gente compraba y valoraba mucho lo que les vendía y lo que hice fue ampliar la gama de productos para poder hacer de aquello una cosa sostenible en el tiempo.

O sea que en realidad para poder avanzar lo que hiciste fue caminar hacia atrás.

Exacto. Me di cuenta de que había otras posibilidades que pasaban por volver a lo que habían hecho los mayores toda la vida.

Eso tiene que ver con tu apuesta por la agricultura ecológica.

Yo le llamo agricultura lógica. Es algo que siempre se había hecho y la cosa, mal que bien, había funcionado.

Defínela.

Yo quiero darle calidad a lo que hago porque sé que puedo ganarme la vida sin necesidad de echarle mierda a la tierra. Es un rechazo instintivo a los fitosanitarios, a los abonos químicos porque son productos que tienen consecuencias en la salud. En la mía y en la de la gente a la que miro a los ojos cuando les vendo un kilo de patatas. Es lógica. La naturaleza, si no la maltratas, tiene sus normas. Hay que buscar el equilibrio y, ojo, no es fácil. Exige mucha formación teórica y mucha observación de lo que pasa a tu alrededor. En la huerta pasan muchas cosas y hay que observarlas para aprender de ellas.

Tu apuesta exige mucho trabajo.

Sin mi familia no hubiera podido salir adelante. Este trabajo es muy artesanal. Hay que trabajar en el huerto y después cortar el producto, embolsarlo, cargar, descargar, vender, cobrar…Es lo que aprendimos en la huerta, a ser una familia, a ayudarnos entre todos, a salir adelante todos a una. Es una manera de formarse, de intercambiar experiencias, de mejorar.

Dejando de lado el aspecto económico, ¿te satisface tu trabajo?

Mucho. Me gusta vender en la plaza de mi pueblo. Es una satisfacción muy grande. Tengo clientes que me compran desde el primer día y siguen haciéndolo.

¿Sales a vender fuera de Caspe?

Suelo subir a Zaragoza al mercado ecológico que se celebra en la Plaza Sinués el primero y el tercer sábado de cada mes.

¿Por qué crees que teniendo Caspe una huerta como la que tiene carece de una cultura gastronómica vinculada a su producción? ¿Tienes la sensación de que no valoramos convenientemente nuestra cultura?

Totalmente. De hecho somos muy pocos los que en Caspe nos dedicamos a esto. Y eso que por razones climáticas nuestra huerta es apta para una amplia de cultivos.

¿A qué crees que es debido?

A que nadie se moja para poner en valor nuestras cosas. El tema ecológico exige también que el cliente sea receptivo, que valore lo que compra, lo que come. A veces somos tan de pueblo que no damos importancia a lo que tenemos y lo importante es que sean los individuos los que pongan en valor las cosas porque cuando esto pasa luego los de arriba no pueden cambiarlo.

¿En qué andas metido últimamente?

Estoy cada vez más interesado en la agricultura biodinámica  que es una técnica que tiene en cuenta la influencia de los astros y los cuerpos celestes en las épocas de siembra y recolección. Estoy asistiendo a cursos y leyendo cosas. Ya sé que parece una paranoia rara pero si lo piensas es lo que se ha hecho siempre.

¿Sientes nostalgia de la huerta ahora que ya no vives allí?

Echo de menos a los que se han ido. A mi padre. Andar por allí es ver a los que ya no están. Es duro. Vivo bien en el pueblo pero me hubiera gustado seguir viviendo en el campo.

JCF

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David Bonastre

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